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El billete del boom del ladrillo

Juancho Dumall

Lo triste es pensar que mientras Mario Draghi y sus consejeros del Banco Central Europeo adoptaban una medida aparentemente tan audaz como dejar de imprimir billetes de 500 euros, que desde hace más de una década han sido instrumento de todo tipo de desmanes, quienes los han manejado a destajo en operaciones opacas, fraudulentas y delictivas siguen perfeccionando nuevos mecanismos para mover la pasta sin que los estados metan las narices en sus transacciones. Pocas veces será más cierto el dicho de que los ladrones siempre van por delante de los policías.

Buena parte del boom español de la construcción, brutalmente pinchado en el bienio 2007-2008, tuvo como enseña el fajo de billetes de 500, tan manejable como fácil de ocultar. Un dineral que apenas abulta en el fondo de una maleta o en el bolsillo de una gabardina. Ahí, en el ladrillo, hay que buscar el enorme éxito -de crítica, que no de público- que cosecharon en nuestro país, en clave de humor castizo, los llamados binladens. El análisis comparativo de la circulación de los billetes de 500 por los distintos países del euro es un indicador que no nos deja en muy buen lugar. Un dato que habla de pagos en negro, corrupción política, negocios ilegales, evasión de impuestos y fugas al extranjero. Ahora los quitan, cuando en el paisaje ya no hay grúas y en los informativos no nos caben los escándalos.

Grandilocuencia europea

La implantación del billete de 500 fue un error del diseño del euro forzado por el cambio del marco alemán y por cierta grandilocuencia europea de nuevo rico cuando nació la moneda única. La retirada ahora anunciada será positiva, pero no será una medida suficiente.

En las últimas semanas asistimos, más o menos escandalizados, al festival de los papeles de Panamá, una filtración que ha puesto delante de nuestros ojos en plena campaña de declaración de la renta lo fácil que es el negocio del blanqueo cuando se tienen buenos asesores. Por eso, una decisión como la de acabar con los billetes grandes debería ser complementada con lo que no se hará: la lucha contra los paraísos fiscales y los abusos del secreto bancario.

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