Ir a contenido

Mi hermosa lavandería

Admirando a Jenny Beavan

Isabel Coixet

La han llamado de todo. A menudo. En la prensa de medio mundo. Lo mas común ha sido 'bag lady' (vagabunda), epíteto con el que el actor británico Stephen Fry la bautizó en la gala de los últimos premios Bafta. Se trata de una señora de 66 años, de aspecto perfectamente normal, una mujer  como las que uno se encuentra cada día en el mercado, en el metro o en la universidad. Como usted y como yo. Como la gran mayoría de las mujeres del mundo.

Resulta que a esta mujer el mundo de la moda, de las revistas de papel cuché, de las listas de mejor vestidas, de las estilistas, de los bloggers y del glamur se la trae completamente al pairo. Y sin embargo, trabaja en diseño de ropa. Para el cine. Ha creado vestuario para las estrellas más fulgurantes de Hollywood y del cine británico. 'Una habitación con vistas''Sentido y sensibilidad', 'Maurice', 'Regreso a Howards End', 'El discurso del rey', 'Mad Max: Furia en la carretera' son algunos de los títulos que integran su brillante filmografía. Ha ganado dos 'oscars', incontables premios Bafta y varios Globos de oro. Es una de las mujeres más respetadas de la industria cinematográfica y los directores de todo el mundo se pelean por trabajar con ella.

El único delito que ha cometido Jenny Beavan para que le lluevan los insultos es llevar unos mocasines cómodos, una chaqueta de Marks and Spencer de 50 euros y un pantalón tejano a las entregas de premios y ceremonias a las que la invitan. Su gran pecado es que no tiene tiempo, ni humor, para embutirse en un vestido prestado, pasarse cuatro (u ocho) horas de peluquería, maquillaje, manicura y pedicura para calzarse unos zapatos imposibles que torturan los pies.

La mayoría de artículos que aparecieron cuando, en febrero pasado, ganó su segundo oscar por 'Mad Max: Furia en la carretera' (el primero fue por Una habitación con vistas) criticaron con saña su vestimenta y apenas mencionaron que esta mujer ha diseñado los corsés con los que Kate Winslet y Emma Thompson sedujeron a medio mundo en 'Sentido y sensibilidad' o los preciosos trajes con los que Helena Bonham Carter paseaba por Florencia en 'Una habitación con vistas'.

Me atrevo a afirmar que si Jenny Beavan hubiera sido un hombre que va con una cazadora y una camiseta a los Oscars nadie habría hecho sangre del tema y hasta les habría parecido algo simpático. Para mí, la presencia de Jenny Beavan vestida como le da la gana en todas las alfombras rojas es un grito de libertad en el mundo absurdo, mercantilista y ruin de la dictadura de la perfección que reina en los 'photocall'. Es también un recordatorio de que la belleza en el cine se vive en la pantalla. La calle y la vida son otra cosa.