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Dos miradas

La serie 'Nit i dia' de TV-3 se ha convertido en un fenómeno televisivo

Ha habido un gran revuelo con la serie 'Nit i dia', de TV-3. Poco a poco, a medida que se iba ensanchando la red de relaciones, de sospechas, de traiciones, de filias y fobias, a medida que los personajes cogían la forma de la contradicción y se descubrían resquicios que los convertían en más cercanos o más odiosos, sugestivos o lejanos, el espectador participaba de la trama con una mezcla de interés sociológico, de intrigante desazón y de previsión jocosa, con el ánimo de compartir la experiencia de un relato que se ha convertido, por múltiples razones (un guion preciso y con muchas capas, una dirección moderna y nada complaciente con el tópico, una interpretación exquisita) en un fenómeno televisivo.

En este ¡bravo! me gustaría destacar un aspecto del final que me tiene cautivado. El psicópata que mata abuelas es envenenado por su madre, quien, a su vez, en un acto supremo de expiación de los pecados, decide inmolarse (ella también) con la intención tanto de purgar los propios pecados como de evitar otros. Este apunte tan católico (el peso de la Iglesia como motor de la tragedia) tiene una variante que la serie deja en suspenso. ¿Y si el asesino, al comprobar que la madre decide hacer justicia, también piensa, en un ataque de lucidez, que la única escapatoria es una especie de suicidio familiar y ritual? Cosas así son las que han construido el grueso de una ficción que parece negra pero que, sobre todo, nos ha enseñado el gris -un aire fino y helado- de las almas.

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