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Ni un minuto más

Antón Losada

José Manuel Soria no ha asumido su responsabilidad política, sino que le han cazado intentando eludirla, que es exactamente lo contrario

Empecemos por poner las cosas en su sitio y aplicar al menos un cierto rigor terminológico. El ya exministro José Manuel Soria no ha asumido su responsabilidad política. Al exministro le han cazado intentando eludirla, que es exactamente lo contrario. Igual que cualquiera de nosotros cuando nuestra madre nos pillaba sisando en las vueltas del pan no asumíamos responsabilidad alguna, solo cumplíamos un inevitable castigo. Soria tampoco se va por supuestos errores en su comunicación. No le queda más remedio que salir corriendo con nocturnidad tras haber mentido de manera sistemática.

Soria no es simplemente otro alto cargo del PP pillado en un comportamiento discutible, condenable o directamente corrupto. Tampoco es un dirigente heredado del viejo PP de Fraga o Aznar al que al presidente Rajoy no le hubiera quedado otra opción que asumir y gestionar como pudiera. El exministro encarnaba al perfecto embajador del marianismo. Fue su hombre de confianza en la renovación de los depauperados populares canarios. Se confirmó como uno de sus más firmes apoyos en la lucha por el liderazgo popular tras la derrota electoral en el 2004 y era uno de los nombres seguros para sentarse en el Consejo de Ministros tras la mayoría absoluta del 2011: el pronóstico se cumplió, y lo hizo además ocupando una cartera como Industria, clave en tiempos de crisis y desempleo.

UN HOMBRE DE RAJOY

Rajoy siempre le ha contado entre sus hombres de mayor confianza y sus portavoces más autorizados. Resulta casi irrelevante si conocía o no sus aventuras en paraísos fiscales. Quien le ha ayudado y respaldado públicamente siempre que ha tenido ocasión, e incluso le convirtió en víctima y ejemplo de las penosas consecuencias de las cacerías públicas y la falta de respeto a la presunción de inocencia, ahora también es responsable, por acción o por omisión. No vale alegar desconocimiento, sorpresa o buena fe tras una legislatura completa de alegar una y otra vez los mismos eximentes, guardar silencio, esconderse tras un plasma o poner cara de póquer; por este orden.

Tampoco sirve volver a pedir disculpas. El crédito se ha agotado por completo. La corrupción es el rayo que no cesa en un PP donde parece que nunca fue tan verdad lo de que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. El offshore forzado de Soria deja noqueado al Gobierno en funciones y plantea serias preguntas sobre la responsabilidad que Rajoy debería asumir y que no puede eludir. Pero también deja muchas y definitivas preguntas para las fuerzas de la oposición que afirmaban andar negociando un Gobierno del cambio y ahora se reprochan mutuamente lo único que parece unirles: el fracaso.

LA OPOSICIÓN DEBE PACTAR

¿Cuánto tiempo puede continuar Albert Rivera reclamando la pantomima de un pacto constitucionalista con el PP y poniendo líneas rojas y vetos a un acuerdo entre todas las fuerzas que se comprometieron a facilitar el cambio y la regeneración democrática? ¿Realmente Podemos prefiere apostar por la incógnita de unas nuevas elecciones -que puede volver a ganar un PP que tendría más fácil gobernar- a promover un cambio inmediato que, entre otras cosas, ejecutaría ya un programa de regeneración que afirma compartir con Ciudadanos y el PSOE? ¿No nos deben los socialistas el compromiso de hacer todo lo posible e intentar de nuevo y de verdad un Gobierno del cambio que ponga fin a una agonía que no debería durar un minuto más de lo estrictamente imprescindible?

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