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Dos miradas

Paraísos

Emma Riverola

Mario Conde en la cárcel por tratar de blanquear una cifra escandalosamente elevada de dinero. Cada día se publica un rosario de nombres que han chapoteado en las playas de Panamá. La lista completa la imaginamos tan larga que dudamos de nuestras reservas de indignación. Vendrá un día en que nada nos afectará, si no ha llegado ya. Mientras, la mayoría nos apuramos a completar nuestra declaración de renta. Y, cuidado, no cometamos un error. Sabemos que la ira de Hacienda será implacable. La transparencia es un valor obligado para los que no tienen billete a los paraísos fiscales.

Barcelona activa un plan de choque para acabar con los guetos escolares. La pobreza se instala en los hogares, se cuela en el colegio y lastra el futuro. Niños que nunca han ido al Tibidabo o a la playa. Que callejean sin nada que hacer en una ciudad que ni siquiera conocen. Sin nadie que pueda atenderlos. Que antes de colocar Panamá en un mapa o comprender la palabra 'paraíso', ya saben que el mundo se divide entre unos y otros. Y que a ellos les ha tocado mirar el lujo desde un escaparate y, quizá, acumular indignación. Peores notas. Abandono prematuro de los estudios. Formación insuficiente… La segregación en las escuelas es la pobreza de la democracia del mañana. La exclusión de unos implica la falta de bienestar de todos. En el fondo, el Tibidabo y Panamá no están tan lejos cuando se convierten en símbolos de la desigualdad.

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