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Al contrataque

Una pareja en la fase del desamor.

El hombre de tu vida

Milena Busquets

Las sensaciones fuertes son muy adictivas, y el enamoramiento es la más fuerte de todas

Y llegará un día en que el hombre de tu vida salga de la ducha y ya no te emocione. No será algo paulatino, no, ocurrirá de golpe. Un día, ese hombre, el que era para ti el más sexi y ocurrente y conmovedor del mundo, saldrá de la ducha (o entrará de golpe en casa o aparecerá a la vuelta de la esquina) y ya no te dará un vuelco el corazón. Lo mirarás por primera vez como a un desconocido. El perfil de héroe griego se convertirá simplemente en una acertada combinación de nariz prominente y de mandíbula cuadrada, las encantadoras orejas de duende serán solo unas orejas de soplillo y la mirada profunda y tenebrosa, unos ojos negros algo hundidos y sin demasiada poesía.

Y entonces, según la tolerancia que tengas para el tedio, según lo que le quieras o lo que le necesites y según el precio que le pongas a lo que hayáis construido juntos, te quedarás o, al cabo de dos o tres años, te largarás. Antes de separarse, uno lo piensa en serio y a solas durante largo tiempo y solo lo acaba haciendo cuando tiene la sensación de que si se queda renuncia a una parte esencial de sí mismo.

Tal vez decidas que vale la pena investigar el sentimiento nuevo, más matizado, más profundo, que te provoca esa persona o tal vez prefieras seguir corriendo en busca de nuevas sensaciones fuertes. Las sensaciones fuertes son muy adictivas, y el enamoramiento es la más fuerte de todas. No hay metadona que sirva para paliar esa carencia.

Pero sobrevivirás -todo el mundo sobrevive- a la batalla campal que significa una separación, al dolor insoportable y fulminante de dejar de amar o de dejar de ser amado, al hecho de ver convertido en polvo lo que fue tu sustento y tu vida durante meses o años.

Cuando salga con otra

Y aunque le hayas dejado tú (eso en realidad no tiene demasiada importancia, ambas partes pierden un fragmento de su historia), y aunque no seas celosa, el día que te diga que está saliendo con otra mujer te parecerá una ofensa imperdonable y empezarás a odiar con todas tus fuerzas a una desconocida. Y a la semana siguiente, cuando venga a dejar a los niños, le pedirás, medio en serio, medio en broma, que se case contigo. Por suerte para ti, él se lo tomará totalmente a broma. Y habrá más novias y novios, más o menos detestables o pasajeros.

Pero llegará un día, al cabo del tiempo, meses o años probablemente, en que le veas de nuevo con cara de no haber dormido pero de estar feliz, la cara que antes solo le podías provocar tú, y sabrás que hay alguien nuevo en su vida, y te alegrarás. Y ese día, sin apenas darte cuenta y sin haberlo buscado, lo recuperarás todo.

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