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EL APRESTO DOMINICAL

Pincha la burbuja del cava

MARC VILA

Pincha la burbuja del cava

Josep-Maria Ureta

Las negociaciones para vender o refinanciar Freixenet reflejan el estado del sector del cava

Solo la inminente celebración de Alimentaria a finales de mes ha retrasado la trascendental reunión del consejo de administración de Freixenet para decidir si la primera marca de cava se vende. El presidente de la Fira y del salón, Josep Lluis Bonet, es también presidente de Freixenet. La muerte de su tía Carmen Ferrer de Hevia, copropietaria con sus dos hermanas y un hermano, justo el día en que se iba a dilucidar la venta de acuerdo con los porcentajes de acciones en cada familia, a la multinacional alemana Henkell, ha aplazado la  reunión sine die. De las tres ramas familiares (la hermana  soltera, Lola, muy querida en la comarca, falleció hace tres años y sus accciones se repartieron entre hermano y sobrinos) el superviviente Josep Ferrer quiere seguir y asegura que puede conseguir financiación para comprar a sus sobrinos (los Bonet Ferrer y los Hevia Ferrer).

Será dificil que Freixenet siga siendo una empresa familiar, no por lo que factura e ingresa, sino por lo que debe.Todos los números difundidos las últimas semanas requieren confirmación de la facturación, endeudamiento y apalancamiento financiero. Aunque tampoco es para tanto: todo el subsector del cava actua así. Si además aparece una multinacional alemana como Henkell dispuesta a hacer una oferta de las conocidas como no podrás rechazar lo que te propongo para comprar la parte de los sobrinos que siguen en la gestión de la compañía vinícola, con presencia en tres continentes, es hora de asumir que Freixenet va a ser el referente principal de la pérdida de gas de la burbuja del cava. La otra gran marca, Codorniu, más flexible en su estrategia, también tiene un número significativo de sus accionistas dispuestos a vender la participación. Claro que en Codorniu ya pasan de 200 los accionistas, y hace decenios que tienen un riguroso modelo de presencia de sus miembros en la gestión de la compañía.  

Duele a no pocos catalanes saber que una de sus señas de identidad, el éxito mundial del cava, deba volver a su dimensión real. Vender más de 300 millones de botellas de cava en todo el mundo es un éxito. Superan en número al arrogante champagne. Lo malo es que toda esa bestial promoción se ha hecho con un modelo de crecimiento al que se le acaba el recorrido del precio barato, casi tirado (¿hay, o no, botellas de cava, a tres euros en cualquier súper?), que ha enviado a la mayoría de marcas a los estantes menos atractivos en establecimientos de distribución.

El cava es, en la memoria de los consumidores de todo el mundo, un producto barato y se le trata como tal. Pero además, de ahí el error principal de todos los elaboradores, creer que alguien que está dispuesto a hacer un extra en casa (lujo es gastar en lo no necesario) lo hará por solo cuatro euros, es una mala estrategia. Gasto extra y bajo precio se contradicen.  

Las multinacionales alemanas de alimentación acechan al cava. ¿Por qué? Porque ya tienen su propia denominación, el sektcon un precio medio de 9 euros. Entrar en el Penedés, con la potencia de grandes multinacionales de alimentación les garantiza producto más barato, que ya se encargarán de revaluar.

Tres indicios de que el mundo del cava va a sufrir un revolcón. Primero, los precios: para vender cava a una media total de 4 o 5 euros se paga la uva a 0,30 céntimos (datos del 2014). Y con un mapa de denominación de origen difuminado por toda España. Contraste con Francia: la Champagne es una zona muy precisa y vigilada. La media del precio por botella es de 14,50 euros, y un precio de la uva a 5,8 euros el kilo. Segunda, la fuerte penetración en el mercado de exportación del prosecco italiano, un espumoso de 9,8 euros de media y 1,30 euros el kilo de uva. El empresario y escritor Xavier Roig divulgó hace unos meses la comparación más entendedora. El cava factura un total de 1.100-1300 millones (no hay cifras oficiales). El champagne, 4.500 millones i el prosecco, 3.000 millones.

Tercer aviso, la pérdida de confianza de muchas bodegas pequeñas y medianas del Penedés, que ya crearon su propia patronal. Algunos ya han abandonado la D.O. como es el significativo caso de los Raventós Negre. Todos ellos quieren alcanzar los 9-10 euros de media por botella. Pero ahí ya están italianos y alemanes.

Vale que el buen cava necesita reposo. Pero si está mal almacenado se queda sin burbujas.                     

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