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"La pregunta que más he escuchado hoy en el campo de refugiados de Idomeni: ¿dónde podremos ver el Barça-Madrid?". Este Tweet lo envió el sábado Alberto Sicilia, uno de los numerosos activistas de nuestro país que comparten y dan a conocer por las redes sociales, desde hace meses, las penalidades y preocupaciones de las decenas de miles de personas que han arriesgado sus vidas para cruzar el mar Egeo desde Turquía hasta Grecia.

Son decenas, cientos de miles de personas que huyen de la guerra de Siria y de la inseguridad, la pobreza, la falta de un presente digno en países como Irak, Afganistán, Eritrea, Yemen y otros. Han visto como mataban a familiares suyos o gente de su entorno, como las bombas destruían sus casas, como los traficantes les maltrataban y les cobraban cantidades exageradas de dinero para encajonarlos en unas balsas neumáticas peligrosas, de las que muchos caían al mar y se ahogaban. Cerca de 400 en los tres primeros meses de 2016.

Son decenas, cientos de miles de personas que cuando llegaban a alguna de las islas griegas cercanas a la costa turca lloraban de alegría por haber salvado la vida y de ilusión porque creían que Europa les acogía con el trato humano que no habían recibido los últimos meses y años.

No ha sido así. Europa les teme. Les pone muros y alambradas en las fronteras y les niega la atención a la que tienen derecho como seres humanos. Al primer mensaje de brazos abiertos a la acogida que emitió la canciller alemana Angela Merkel ha seguido un proceso de rechazo creciente que ha concluido con un acuerdo entre la Unión Europea y Turquía que incluye el retorno a este último país de todas las personas que accedieran irregularmente a Grecia a partir del 20 de marzo. Este lunes 4 de mayo deben comenzar los viajes de devolución de estas personas, detenidas ahora en campos de refugiados reconvertidos en prisiones.

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Desde hace semanas, en Idomeni hay miles de personas acampadas en condiciones precarias en las puertas de la frontera entre Grecia y Macedonia esperando que les dejen pasar. No les dejarán. Pero ellos insisten y, mientras, piden a los activistas que intentan echar una mano y que denuncian su situación injusta, donde pueden ver el partido de fútbol entre el Barça y el Madrid. Incluso, algunos lo habrán visto vestidos con la camiseta de uno de los dos equipos. ¡A saber a favor de quien iban!

Algunos medios madrileños han considerado que el árbitro intentó robar la victoria al Madrid pero no lo consiguió. A los cientos de miles de refugiados que confiaban en el respeto a los derechos humanos en Europa les han robado. Les siguen robando. Mucho. Demasiado.