05 jun 2020

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Peccata minuta

Sacar la lengua

Joan Ollé

Aconsejaría a los 250 lingüistas del manifiesto, y a los que vendrán, que salgan de su burbuja esquizofrénica y paseen por los barrios de la realidad

Leo en la edición en castellano de EL PERIÓDICO que 250 lingüistas reclaman una Catalunya independiente con el catalán como única lengua oficial. Ante tal afirmación de gentes de letras, acudo a las ciencias, sin respuesta, para saber qué porcentaje representan los 250, un cuarto de kilo, ante la totalidad de sus colegas. ¿Un 48%? A lo peor el titular debería decir que 250 lingüistas independentistas reclaman lo que reclaman. ¿Existen filólogos catalanes que no están por el monolingüismo ni por la independencia? Conozco a más de uno. Pero, viendo la lista de los firmantes, me doy cuenta de que, más allá de un tal Joaquim Arenas antiguo colaborador de Pujol y cuatro universitarios a los que en su departamento deben conocerles -nada más cruel y mezquino que aquellas universidades catalanas en las que, para trepar, se castiga ejemplarmente la diversidad o heterodoxia-, los firmantes estrella del manifiesto son el ingeniero y heraldista Julià de Jòdar, el mediático sociólogo y economista Salvador Cardús, el licenciado en Ciencias de la Información y home de fer feines Vicenç Villatoro, la exconsellera, exdiputada en las Cortes Españolas y filóloga, esta sí, Carme-Laura Gil y, ¡tachán-tachán! Jaume Cabré, novelista de éxito traducido a una docena y media de idiomas, incluido el del país vecino.

Y recurro al vecino País Valencià para citar al nada sospechoso y muy socarrón Joan Fuster«Puix que parla català, vejam què diu». Y lo que dicen estos lenguados lingüistas son perlas tales como que «sin la existencia del catalán no habría proceso de independencia», que «es catalán quien quiera serlo, y serlo pasa por hablar catalán», que «el franquismo utilizó una inmigración llegada de territorios castellanohablantes como instrumento de colonización lingüística»… Pero el premio de la crítica se lo lleva, por analfabestia, aquella lápida que sentencia que «el proceso constituyente debe evitar que la nueva constitución catalana cierre en falso el problema lingüístico, ya que quizá será el más importante de la nueva república, porque afecta a la base de la cohesión social». Ya lo veis, Junqueras, Tardà, Rufián, Baños… Sois los neobotiflers.

Gil de Biedma, 1961

Aconsejaría a los 250, y a los que vendrán, que salgan de su burbuja esquizofrénica y paseen por los barrios de la realidad. Y, ya puestos, que se lean, o se hagan traducir, lo que escribió sobre lengua y cohesión social un tal Jaime Gil de Biedma, poeta catalán, el año de desgracia de 1961: «…Oigo a estos chavas nacidos en el Sur / hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo, / en mi pasado y en su porvenir. / Sean ellos sin más preparación / que su instinto de vida /más fuertes al final que el patrón que les paga / y que el salta-taulells que les desprecia: / que la ciudad les pertenezca un día».