02 jul 2020

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La obra maestra inacabada

Juan Villoro

Nuestra época pide certezas económicas pero ama la indefinición estética. El arte contemporáneo no ofrece obras 'terminadas'; el espectador las completa con su imaginación.

La antigua sede del Museo Whitney de Nueva York presenta una inmensa muestra de obras inacabadas. Algunas lo son por razones involuntarias, retratos inconclusos porque el pintor dejó de recibir pagos o el modelo murió antes de tiempo. En otros casos, las obras fueron suspendidas en forma deliberada. Las razones para abandonar una pieza van del hartazgo al extraño descubrimiento de que el material mejora como algo eternamente en proceso.

¿Cuándo se termina una obra de arte? Picasso comentó que el fin de una pieza no puede llegar nunca, pues equivale a destruirla. Lo demostró en un documental donde dibujó un minotauro con detallado virtuosismo; al llegar a un punto, la bestia mitológica era espléndida, pero como la cámara seguía rodando, el pintor agregó trazos hasta arruinarla. El final estaba antes de lo ocurrido.

El siglo XX convirtió lo inacabado en un gesto esencial del arte. Podemos completar sin trabas el autorretrato inconcluso de Lucian Freud. El rostro mira inquisitivo hacia abajo y está rodeado de trazos blancos que sugieren los fantasmas de su mundo interior, lo que pintará cuando aparte la mirada de nosotros.

En cambio, sorprende ver una batalla de Rubens donde la parte alta de la tabla ha sido terminada con virtuosismo y la baja se encuentra en esbozo. Vemos caballos imperiales y caballos 'para armar'. La involuntaria 'modernidad' de esta escena cautiva a una época que pone la realidad en entredicho y transparenta sus misterios. En forma accidental, Rubens ofrece un comentario sobre su pintura: entrega un campo de batalla y el método para construirlo.

Una pequeña sala alberga piezas de Turner. Ninguna de ellas fue expuesta en vida del autor. Se trata de fondos o esbozos para otras telas. Faltan los puertos, los barcos, las sugerencias mitológicas. Sobra el sol. Para nosotros, son maravillas postimpresionistas.

La exhibición del Whitney retrata la forma en que miramos hoy en día. Las obras no bastan. Necesitamos un hueco, una fisura para completarlas. Ese vacío somos nosotros.