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MI HERMOSA LAVANDERÍA

Ixcanul, volcán de fuego

Isabel Coixet

Al inicio de la película, una mujer indígena guatemalteca, acompañada de su hija, ofrece un sacrificio al volcán Ixcanul. El volcán emite débiles bocanadas de humo y no responde. La familia protagonista vive en sus faldas, cuidando de una plantación de café a la que periódicamente invaden las serpientes. María tiene 17 años y es la única hija del matrimonio. Su venida al mundo ya estuvo marcada por el volcán, ya que su madre tuvo que realizar muchos sacrificios a Ixcanul para que ella pudiera nacer. Durante 90 minutos, asistimos a más sacrificios inútiles, aunque el mayor de ellos es el de la adolescente, interpretada por María Mercedes Coroy, que ve hundirse todos sus sueños de futuro. Y que, embargada por la culpabilidad, se entrega a las serpientes, para ayudar a su familia. La cinta 'Ixcanul', ganadora de varios premios internacionales, relata con una asombrosa economía de medios y sin siquiera banda sonora musical, una historia terrible y fascinante: la de una mujer indígena, que no habla español, al que un sistema patriarcal y corrupto le arrebata cualquier posibilidad de esperanza. El rostro de María pasa de la tristeza a la ilusión y del hermetismo al dolor. Es de esos rostros que no se olvidan. No hace falta que entendamos lo que dice para sentir lo que le pasa en el alma.

La pulsión sexual que cruza la cinta empieza siempre instigada por la madre, que emborracha a los cerdos para que copulen y tengan una descendencia que servirá en el banquete de bodas de la hija y que, a apenas un metro de la cama de María, le reclama sexo al marido. Pero los intentos de María de huir de la pobreza y el aislamiento y llegar a Estados Unidos, a una vida mejor, se dan una y otra vez de bruces con su inocencia: no solo no consigue huir con su novio de la infancia, sino que este desaparece de la noche a la mañana dejándola embarazada. Un nuevo problema que ni mil ofrendas al volcán pueden solucionar. La madre ve truncadas primero sus esperanzas de casar a la hija con el capataz, aunque luego acepta la situación con un pragmatismo ejemplar.
    
La película retrata también una situación paradójica: los indígenas pueden hablar su propia lengua, pero al tener vedado el acceso al español –voluntariamente o de manera impuesta– son fácilmente manipulables por el poder establecido, para el  que simplemente existen como mano de obra barata, a la que sí se facilita el acceso al alcohol, que los hace triplemente manipulables. La tragedia de María se cimenta desde que nace: su existencia es una moneda de cambio para su familia. Arreglan su matrimonio con el capataz de la plantación, un viudo con hijos pequeños, que solo la quiere como criada y cuidadora y que, cuando la tragedia estalla, no hará mas que sacar provecho económico de ella, engañando a María y a su familia, ocultándoles la auténtica naturaleza de lo que está pasando, mintiendo en la traducción de los documentos que las autoridades les piden firmar: nuevamente el lenguaje como símbolo de opresión.'Ixcanul' es un ejemplo de cine comprometido con una realidad muy concreta, capaz de conmover, como ha hecho, a audiencias del mundo entero. Un puñetazo de un bello lirismo poético. Una llamarada.