24 feb 2020

Ir a contenido
Edward Snowden con Ana Pastor, en Moscú (‘El objetivo’).

La Camarga, pero a lo bestia

Ferran Monegal

Noche redonda para La Sexta. Sello de calidad. Información y periodismo en estado puro. Primero Jordi Évole (Salvados), en Goteborg, constatando el grado de calidad de vida que tienen los suecos. Qué envidia. Cómo cuida el Estado, y sus gobernantes, a la ciudadanía. Y cómo los ciudadanos se sienten solidarios y corresponsables con su propio país. No hay fraude. Ni corrupción. Funciona Suecia como una admirable comunidad de vecinos. Le decía David Pallarés, allí afincado desde hace 16 años: «Aquí, cuando compras un televisor, mandas aviso para que se te aplique el impuesto correspondiente. Podrías no comunicarlo, pero eso sería como estafar a tus vecinos. A nadie le cabe en la cabeza defraudar. Sería como defraudarse a ellos mismos». ¡Ah! Qué envidia de gente y de país, sí.

Y después llegó Ana Pastor (El objetivo), camuflada en una furgoneta por Moscú, de incógnito, porque tenía una entrevista en algún lugar secreto con Edward Snowden, el informático estadounidense que trabajó en la CIA y en la Agencia de Seguridad Nacional, y que ahora vive refugiado al amparo de Putin. Sus revelaciones sobre el espionaje masivo a dirigentes y ciudadanos de todo el mundo le han transformado en un traidor, un criminal, en su país. Le contó a Ana que antes se espiaba selectivamente. Se trabajaba sobre objetivos concretos. Ahora no. «Gracias a la tecnología, que es barata, fácil y simple, el espionaje ahora se practica de forma indiscriminada y masiva. Teléfonos, Google, Whatsapp, SMS, correo electrónico... Todo es intervenido». O sea, como aquel micrófono que había en un florero del restaurante La Camarga, pero a la bestia. ¡Ah! Han transformado el mundo en un gran florero lleno de dispositivos. Todos espiados. Según esta lógica perversa, todo ser humano puede ser un delincuente, sino ahora, quizá en el futuro. Es muy cafre todo eso. Snowden lo definía así: «Ya no hace falta preguntar a nadie qué ha hecho. Ya lo saben. El abuso es un inevitable subproducto del poder». Estuvo Ana también con nuestro compañero Marc Marginedas, actualmente corresponsal en Moscú, y le preguntó qué beneficio saca Putin dando cobijo a SnowdenMarginedas apuntó, con reservas, la posibilidad de que habría podido facilitar información interesante para el servicio de inteligencia ruso. Efectivamente, nada es gratis en este mundo. El altruismo, en las altas esferas de los Estados espías, no existe.