05 ago 2020

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CONTRAPUNTO

La catalanofobia y la cortina de humo

Salvador Sabrià

Con el debate sobre el derecho a decidir se han intentado tapar los defectos de la gestión en UGT

En el reciente congreso de UGT se ha vuelto a poner sobre la mesa el término catalanofobia. Lo citó el nuevo secretario general del sindicato español, el todavía líder de UGT de Catalunya Josep Maria Álvarez, pocos minutos después de haber sido elegido pasadas las cinco de la madrugada del domingo. Álvarez declaró en esos momentos todavía de noche que la catalanofobia no había vencido esta vez, aunque unas horas más tarde reconocía que se podía haber ahorrado este comentario. Y en parte tenía razón en las dos frases.

En la primera, porque desde la anterior secretaría general, ocupada hasta el domingo por Cándido Méndez, se utilizó el apoyo de la UGT en Catalunya al movimiento por el derecho a decidir y a favor de un referéndum como arma contra Álvarez. El dirigente catalán no se refirió prácticamente a este tema ni en la fase previa al congreso, ni casi lo tocó en su discurso como nuevo líder del sindicato español. Y, en todo caso, no ha variado ni en su defensa del uso de las urnas tanto como sea posible, y más todavía en cuestiones profundas, ni en la reivindicación de no rehuir ningún tipo de debate. 

Pero también es cierto que con su afirmación sobre la catalanofobia, de hecho Álvarez estaba reconociendo que las puyas de Méndez le habían afectado y habían influido de alguna manera el desarrollo del congreso, pese a sus intentos para evitarlo. Porque cada vez parece más claro que las referencias al derecho a decidir en un momento en el que lo que se debía poner a debate era la gestión de la anterior dirección de UGT y su posible relevo eran más una cortina de humo que otra cosa. Por lo que se ve, el encaje de Catalunya en España o su posible salida sirven para intentar tapar todo tipo de temas polémicos, tanto en la parte catalana como en la española.

En su primera intervención pública como nuevo líder ugetista, Álvarez intentó marcar un nuevo estilo: más claridad en el discurso, menos burocracia en el sindicato, un obligado rejuvenecimiento de las cúpulas, y una llamada a mantener la unidad de la organización a la que se ve obligado al haber obtenido solo el 51% de los votos a favor. Y precisamente en una votación que es un ejemplo de la necesidad de mayor agilidad y transparencia en UGT, porque es muy difícil de entender que un cónclave preparado durante meses se tenga que decidir a altas horas de la madrugada y que sea tan difícil que voten y se cuenten los sufragios de solo 600 personas. Puestos a hablar claro, Álvarez se ha pronunciado a favor de un pacto de izquierdas con efectos inmediatos, en primer lugar con la derogación de la reforma laboral