Al contrataque

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El Langui.

El Langui. / RICARD FADRIQUE

Cuando le conocí en persona hace años pude comprobar que es como parece. Es de verdad. Habíamos quedado un tarde de verano en Pan Bendito, un barrio obrero de Madrid que ya antes de que llegara la crisis sufría profundos zarpazos. Allí vivía y allí había montado un programa de radio con un grupo de amigos. Esa tarde estaba muy cabreado porque en el barrio habían pedido varias veces que arreglaran el tema de la limpieza. Se quejaba de que las pocas papeleras que tenían rebosaban desde hace días.

Conocí a Juan Manuel Montilla, El Langui, en el año 2008 gracias a un buen amigo, el periodista Toni Garrido, que por aquel entonces realizaba un fantástico programa en la radio pública llamado 'Asuntos Propios'. El Langui acudía a menudo como uno de los invitados. Ya empezaba a ser un personaje muy conocido gracias a su trabajo con el grupo La Excepción. Después llegarían incluso dos premio Goya por su interpretación y la canción de 'El truco del manco', de Santiago Zannou.

Ese día a algunos se nos escapó una lágrima al escuchar su discurso. Recordó cómo sus padres nunca dejaron que se rindiera y hasta le ponían la taza de leche más alta para que se esforzara más, a pesar de tener problemas de movilidad por una parálisis cerebral sufrida al nacer. Por cierto, para llegar hasta el micrófono aquella noche tuvo que subir una larga escalera. Nadie había caído en que para él no resultaba lo más adecuado.

El Langui ha vuelto a ser noticia esta semana por parar varios autobuses ya que no le permitieron subir con la silla motorizada con la que se mueve. Algunos usuarios se quejaron por el trastorno que les provocó esta protesta. Incluso su hijo Hugo le dijo que también había que entender a esa gente.

UNA VICTORIA MÁS 

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Pero El Langui no se rindió. Sabía que su petición era justa. La normativa dice que se puede subir con esa silla a un autobús público. Sabía además que su visibilidad podría hacer que las autoridades reaccionaran. Y así ha sido. Después de que los medios de comunicación recogieran su imagen en mitad de la calle, el Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid convocó una reunión a la que fue invitado y han decidido, según me cuenta él, redactar las normas de manera más precisa para que no haya dudas.

Una victoria más de El Langui. Porque en su ADN está no rendirse. Y en este caso no lo ha hecho por él sino por todas las personas con problemas de movilidad a las que nunca se ha escuchado. Como me decía Toni Garrido el otro día, El Langui «es una fuerza de la naturaleza. No tiene fin pero sí principios». Añade riéndose que, como se empeñe, «acabaremos teniendo en Madrid un carril 'bus-langui'». No lo descarten. El Langui no se rinde fácilmente.