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La rueda

Ni conmigo ni contra mí

Antón Losada

Cada vez se intuye más claro el camino a otras elecciones. Han votado ustedes mal y no nos conviene este resultado porque resulta muy complejo y gestionarlo supone un lío, así que vuelvan a votar pero esta vez háganlo bien, otorguen una mayoría clara y ahórrennos el trabajo de hacer política. Ese parece ser el mensaje devuelto desde algunos partidos políticos. Un duro golpe para quienes aún creemos en la política y su capacidad para resolver problemas en vez de crearlos.

Las elecciones podrán repetirse, pero el escenario habrá cambiado drásticamente. Los competidores podrán parecer los mismos, pero no lo serán. Quienes hagan cálculos pensando en una campaña semejante a la anterior se equivocan.

El PP navega como un barco a la deriva devastado por la corrupción. En el PSOE el liderazgo y la candidatura de Pedro Sánchez parecen fuera de toda cuestión. Ciudadanos ha reforzado su imagen de partido bisagra y será costoso escorarlo a la derecha. Podemos difícilmente podrá recargar de manera creíble la fórmula de las confluencias. También pesará, y mucho, a quién responsabilice el electorado por la inconveniencia de volver a las urnas cuando parece más que claro que la mayoría no desea ir de nuevo a ellas.

Pero entre todos los cambios, ninguno tan trascendente como la nueva dimensión de competencia electoral que puede introducirse. Ya no se tratará únicamente de optar entre derecha o izquierda, o entre lo nuevo y lo viejo, o entre corrupción o regeneración. Los votantes deberán elegir entre quienes haya apostado por la transversalidad y la capacidad para llegar a compromisos con los demás cuando termina la contienda electoral y quienes hayan preferido la polarización, las condiciones innegociables y el 'o conmigo o contra mí'. A quién premiarán los electores es la incógnita.

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