Editorial

MWC: un nuevo balance de éxito

La cita llega a los 100.000 asistentes, pero Barcelona ha de sacar lecciones de no haber evitado la huelga de metro

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La edición del 2016 del Mobile World Congress (MWC) ya es historia, y, tal como sucedió con las anteriores, ha supuesto nuevos récords. El dato más significativo, el de los asistentes, es espectacular: se han alcanzado los 100.000 -para ser exactos, 101.000-, esto es, un 6% más que el año anterior. Tanto o más relevante que esta cifra es la confirmación, por si cabía alguna duda, de que, aunque en algunos momentos pudo dar la impresión de que el Mobile refleja un mundo de ciencia ficción poco pegado a lo cotidiano, lo que hace es anticipar la realidad que los ciudadanos tendrán ante sí en un futuro muy próximo. El abanico temático de las tecnologías que se presentan en la cita de Barcelona es cada vez más amplio y con aplicación en infinidad de situaciones diarias; si el MWC mantiene esta denominación es más porque se trata de una marca consolidada que por el contenido, que va mucho más allá de la telefonía móvil aunque esta sea su fuerza motriz. Y una tercera constatación: los contratos y los negocios que se fraguan en el congreso van a más y alcanzan a una miríada de compañías, muchas de ellas de tamaño pequeño y creadas por emprendedores catalanes con talento; lo que además es indicador del aumento de la economía productiva, la que acaba creando empleo y repercutiendo en el PIB.

A nivel ciudadano, sin embargo, la edición de este año será recordada por la desmesurada huelga del metro, que ni los sindicatos de TMB quisieron posponer ni la alcaldesa Ada Colau supo frenar pese a implicarse personalmente en las negociaciones de última hora. Aunque cuantitativamente los principales afectados por el paro han sido los centenares de miles de barceloneses que usan a diario el transporte público, el objetivo del daño causado era el Mobile, cuyos responsables no ocultaron su gran malestar por que, esta vez sí, un conflicto laboral no grave haya afectado tan directamente a la cita. La importante lección que Barcelona debe extraer es que no puede exponerse de nuevo a un riesgo así, so pena de que el MWC rompa el compromiso de que la ciudad sea su sede hasta el 2023. Candidatos a tomar el relevo no faltarían, como ha demostrado de forma impertinente la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, con un muy escaso sentido de la lealtad institucional que su partido tanto reclama.