El 'postureo' de la conciliación

Mientras en Europa ya cenan, aquí los partidos empiezan sus reuniones

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Iglesias besa al bebé de Carolina Bescansa, Diego, en el hemiciclo del Congreso.

Iglesias besa al bebé de Carolina Bescansa, Diego, en el hemiciclo del Congreso. / JOSÉ LUIS ROCA

Este martes, a las 9 de la mañana el Mobile World Congress era ya un hervidero. A las 10 se abren puertas y empiezan las conferencias, presentaciones, reuniones…hasta las siete de la tarde, cuando el certamen cierra. No paran en todo el día, expositores, gurús de la realidad virtual y periodistas de todo el mundo van de un lado a otro en una feria de renombre internacional. Hasta las siete. A esa misma hora, cuando Europa ya cena, un grupo de diputados autoproclamados de izquierda y presuntos abanderados de la conciliación todavía ni se han sentado para iniciar una reunión que pretende avanzar (o no) en la negociación sobre el nuevo gobierno de España. Unas conversaciones que casi rozan el adjetivo de históricas, pero que son sobre todo muy españolas, porque pudiendo empezarlas a un horario decente se opta por hacerlo como siempre. O sea, mal.

Un diputado se justificaba el lunes afirmando que algunos de los asistentes no viven en Madrid. No es excusa puesto que los parlamentarios elegidos en una circunscripción distinta a esta reciben 1.823,86 euros adicionales al mes para que puedan sufragarse los gastos de hotel o arrendamiento y las comidas. Además se les paga (les pagamos) los desplazamientos. Por pagar incluso durante años hemos abonado este plus salarial a varios diputados y diputadas tanto del PP como del PSOE pese a que tenían domicilio fijo en la capital, aunque eso sería motivo de otro debate.

Así que señores HernandoErrejónDomènechBaldoví y Garzón no se disculpen ante los periodistas, personal de la Cámara y resto de ciudadanos por comparecer en ruedas de prensa cuando sus colegas europeos ya duermen. Y por favor no paseen a más bebés por el hemiciclo. Fue un gesto simbólico en defensa de una conciliación en la que no creen. Ni la practican ni dejan que otros la ejerzan. Muchos y muchas defendimos a Carolina Bescansa cuando llevó a su hijo a la sesión de apertura de la legislatura para evidenciar las dificultades que existen para conciliar. Pero visto lo visto tal vez tenían razón quienes consideraron que se trataba solo de propaganda, una foto cara a la galería mediática.

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Porque una cosa es que un pleno acabe tarde, pasa aquí y en Bruselas. Es normal y está asumido. Gajes del oficio, también de ‘sacerdocios’ como el periodismo. Igual que hay días que salta una información a última hora. Solo faltaría. Y otra muy distinta es convocar con alevosía una maratón de reuniones a sabiendas que acabarán casi de madrugada. ¿Por qué no empezar a las nueve de la mañana?

En campaña todos los partidos se llenaron la boca de medidas para facilitar la conciliación. El PSOE prometía, por ejemplo, limitar las horas extras para, de paso, favorecer la contratación. Podemos insistía en que hay que flexibilizar las jornadas laborales a través de la reducción de horario. 'Parole, parole, parole'.