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mi hermosa lavandería

Delilah

Isabel Coixet

Cuando yo era una niña, estaba de moda una canción que se llamaba 'Delilah'. La puso de moda Tom Jones y en millones de hogares del mundo, los niños escuchaban cómo sus padres ponían el single en el tocadiscos, mientras cantaban a coro el pegadizo estribillo. “Why, why, why… Delilaaaaah” (por qué, por qué, por qué, Delilaaaah). En España, no nos enterábamos de qué decía la canción, porque poca gente sabía inglés. Recuerdo exactamente cuándo me enteré del significado de la letra: fue al cumplir 19 años, cuando un amigo que me daba clases de inglés me puso como tarea traducir canciones pop y traduje unas cuantas, de The Beatles, de Zappa (me volví loca para traducir esas), de Bob Dylan. Y llegué a 'Delilah' y flipé: la canción que durante años había escuchado cantada por el incombustible Tigre de Gales es una brutal apología y justificación de la violencia contra una mujer cuyo único crimen ha sido reírse de un hombre. Este la ha visto por la ventana abrazar a otro. Llama al timbre, Delilah sale, se ríe de él y, claro, el hombre, incapaz de soportar la risa, le clava un cuchillo y la mata. 

Años después, he estado en incontables ocasiones en lugares donde ha sonado la canción: bares, karaokes, restaurantes, ascensores. Yo no creo que 'Delilah' haya empujado de facto a hombres a matar a las mujeres que se ríen de ellos, pero sí creo que 'Delilah', junto con millones de otras canciones, anuncios, imágenes, discursos, actitudes, chistes son el perfecto caldo de cultivo de la violencia que se cobra vida tras vida de mujeres de todo el mundo, sin que nada parezca detenerla. Sin ir más lejos, ahora mismo y aquí, se puede ver en todas las cadenas un anuncio donde dos hombres ven la televisión y dos mujeres les obstaculizan la visión de un partido. Los dos hombres comentan lo bien que les vendría devolver a sus mujeres como la firma anunciante, que permite devolver las compras que no interesen. Me he apuntado la marca para no comprar en mi vida, ni por error, nada de lo que vendan. 

Esto es lo que maman a diario los niños y las niñas: un mundo donde las mujeres somos menos que nada, como mucho, elementos apenas necesarios, irrelevantes, pero profundamente incordiantes en una sociedad que el día que descubra cómo fabricar niños sin nosotras o la bondad de las muñecas hinchables tipo 'Humans' nos dará el pasaporte. Ese es el mensaje que se manda; de una manera muy poco sutil, como en el caso del anuncio de los dos gilipollas viendo el fútbol, o de una manera más o menos velada: 'El País' publica una foto de su propia redacción decidiendo qué fotos van en la portada y yo no veo ni una mujer en la reunión de cabezas pensantes.

 Apenas empezado el año, la cifra de los crímenes contra mujeres no cesa de aumentar. Mariana, Silvia, Lucinda, Ascensión, María, espero que nadie haga una canción sobre vosotras culpándoos de vuestra propia muerte como hicieron con 'Delilah'. Por cierto,  Tom Jones sigue cantándola en sus conciertos.