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Esperanza Aguirre.

EFE

Esperanza Aguirre y la 'maniobra Lázaro'

Antón Losada

Se trata de una vieja táctica: antes de que te maten políticamente los demás finges tu propia muerte para asegurar la supervivencia

Pongamos las cosas claras desde el principio. Esperanza Aguirre no ha dimitido, de momento. Se ha quitado de en medio, que no es lo mismo. Ha puesto tierra de por medio con el cenagal que devora al antaño invencible Partido Popular de Madrid, pero eso no le impide atrincherarse en el cómodo refugio de una concejalía lograda gracias al partido que ahora abandona a toda prisa. Asume su responsabilidad política pero continúa de responsable municipal. Solo ella puede hacerlo sin romperse.

Es una táctica vieja en política pero normalmente resulta efectiva. Algunos la llaman "la maniobra Lázaro": antes de que te maten políticamente los demás finges tu propia muerte para asegurar la supervivencia, incluso dejar abierta la puerta a un regreso triunfal a nada que cambie el viento. Eso mismo acaba de hacer Aguirre liquidándose de la presidencia orgánica pero manteniéndose viva en el confortable hábitat del ayuntamiento.

EL VIRUS DE LA GÜRTEL

La "maniobra Lázaro" no representa una novedad en su carrera. Es la segunda vez que la ejecuta. En el 2012, cuando el virus de la Gürtel amenazaba con infectar por contratos amañados a todo el gobierno madrileño, con sus hombres de confianza imputados pero con su dinero en Suiza a la espera de la amnistía fiscal de Cristóbal Montoro, la lideresa también se borró del mapa allí donde había problemas. Entonces anunció, también por sorpresa, su abandono de la política.

Pero en realidad se quedó allí donde se sentía a salvo para seguir haciendo política como siempre, mientras una empresa privada le hacía de tapadera y alguna cadena de televisión blanqueaba su imagen. Se mantuvo al frente de la maquinaria del partido, retuvo control absoluto sobre cuadros y listas y se aseguró la candidatura a la alcaldía planeando su resurrección convencida de un triunfo que no se produjo.

Fue su sucesor, Ignacio González, quién hubo de asumir la infección gurteliana y finalmente pagó el precio de no ser candidato en nombre de la regeneración mientras su antigua jefa impartía lecciones y empleaba su dimisión como ejemplo. Quien la suceda al frente de la organización madrileña está abocado a soportar idéntico destino. Acabar como víctima de la trama Púnica y la financiación ilegal del partido mientras su antigua presidenta, la mujer que lo gobernó con mano de hierro durante casi dos décadas, resurge como si fuera una animosa Sor Citroën prometiendo regeneración. Luego no digan que no se les avisó.

TRES HIPÓTESIS

Si realmente Esperanza Aguirre se sintiera responsable de la ya innegable institucionalización de la corrupción en el seno del partido y la Administración que presidía habría renunciado a todo, sin condiciones. Nada ni nadie se movía en el Partido Popular sin el conocimiento de la todopoderosa lideresa. Supone una evidencia indiscutible que ella misma recalcaba siempre que tenía ocasión. O sabía lo que estaba pasando. O lo toleró.O no se enteró. La diferencia tiene relevancia penal pero no política. En cualquiera de las tres hipótesis su responsabilidad resulta terminal para su futuro.

A día de hoy el PP porta en su seno una bomba llamada corrupción que nadie sabe cómo desactivar o qué puede explosionar si se corta cualquier cable en las tramas. El problema ya no reside únicamente en los casos conocidos, sino en aquellos que faltan por conocer pero todos sabemos que acabarán por salir. Como ya hizo en la Comunidad, Esperanza Aguirre salta del barco del PP de Madrid antes del siguiente registro de la Guardia Civil y se queda donde se cree segura esperando una oportunidad. Ella es de las que no se va. Hay que echarla.

Ni siquiera es un gesto. Solo se trata de una táctica de supervivencia. Por Whatssap Mariano Rajoy le ha asegurado que lo entiende. Durante los próximos días le dirá con hechos que si espera que él sea el siguiente y siga su supuesto ejemplo, puede aguardar sentada y procurando que la silla resulte cómoda. Si queda alguien que pueda ganar a Esperanza Aguirre en esto de volver de entre los muertos, sin duda ese es Mariano Rajoy

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