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El gobierno español se ha retratado en la conferencia de países donantes para ayudar a los refugiados sirios celebrada el viernes 5 de febrero, en Londres. El conjunto de estados participantes se ha comprometido a aportar 9.000 millones de euros, la mitad durante 2016 y el resto hasta 2020. La Unión Europea ha asumido la entrega de 3.000 millones de euros este año y mantener este nivel de apoyo en los próximos años. El Reino Unido ha comprometido 1.700. Alemania, 2.300 hasta el 2018. Francia, 890. Estados Unidos, 825. España, 9 durante 2016.

"Dada la situación política en España, tampoco podemos comprometer mucho más a largo plazo", dijo el secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, Jesús Gracia, para justificar la limitación de la aportación española.

Resulta decepcionante que, mientras las imágenes de niños ahogados en el Mediterráneo y de familias cruzando a pie una Europa helada nos interpelan cada día, el compromiso económico de la ayuda española sea tan escaso.

Los independentistas que gobiernan Catalunya tenían una ocasión de oro para presentarse a Londres y dejar sobre la mesa una aportación superior. Pero, como explica el 'conseller' de Salut, Toni Comín, Catalunya es incapaz de hacer nada de provecho hasta que alcance su independencia.

Y eso que esta Europa tan insolidaria e inmune ante el sufrimiento de los refugiados ha abierto un resquicio para facilitar el gasto económico en esta causa. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha prometido que será flexible en el escrutinio de las cuentas públicas de los países que dediquen partidas excepcionales atender las necesidades de quienes piden asilo. Es la ocasión perfecta para trasladar a este objetivo parte de los ingresos previstos para pagar la deuda pendientes con bancos y entidades financieras.

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¿O no era eso lo que nos quería decir, señor Juncker?