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AL CONTRATAQUE

Carles Capdevila.

PepRibas

El director que no quiso ser hijoputa

Jordi Évole

"El tío iba el otro día con un bolsito colgando. Era la medicina de la quimio que le está curando de un cáncer. Y te lo explica con una sonrisa en los labios"

La pasada semana me paseé por radios, teles y periódicos promocionando nuestro primer programa de la temporada, tanto que mis amigos ya me confunden: no saben si soy yo o Mónica Naranjo con su nuevo disco.

De todas las visitas que he hecho, había una muy especial, y no solo por la entrevista. El martes fui al diario Ara, donde me esperaba Antoni Bassas. Pero yo iba con la esperanza de encontrarme con otra persona. Y allí estaba. Hasta hace unos meses fue el director. De él es la mítica frase: "Dirigir un periódico es apasionante, lástima que el periódico tenga que salir cada día". Hablo de Carles Capdevila. 

Carles y yo hemos quedado pocas veces, la verdad, pero en esas pocas ha habido una sintonía poco habitual. Vamos, que me cae de fábula, desde que le conocí al frente del mítico Malalts de tele. El tío iba el otro día con un bolsito colgando. Era la medicina de la quimio que le está curando de un cáncer. Y te lo explica con una sonrisa en los labios que lo flipas.

La última vez que le había visto no fue en persona, fue en youtube, donde Carles ya es una celebrity. Era el día de su despedida como director. Ese día Carles no sonreía. Su discurso era una mezcla de tristeza, emoción, cabreo y dignidad, mucha dignidad. De ese parlamento hay que tomar apuntes si quieres ser periodista y no morir en el intento. "Me han dicho que no era suficiente hijo de puta para ser director de un diario, pero prefiero ser ingenuo que cínico. (…) Hay quien hace tanto que no tiene principios que ya no sabe ni que se llaman principios. (…) Algunos ya no saben ni para qué querían el poder porque hace tanto que lo ejercen que solo están ocupados en mantenerlo".

Mientras a Carles le iba amargando el ejercicio de su cargo como director, mientras iba aborreciendo a los poderes, mientras se desilusionaba visitando reservados, palcos VIP y filas cero, en paralelo, mucha gente le fue otorgando otro poder. El poder de animarles la vida con otro vídeo donde Capdevila explicaba su experiencia como padre de cuatro hijos. Un vídeo tronchante, y que le ha convertido en el youtuber de cabecera de muchos padres. Ahora Carles hace giras por toda España, y le reciben con el cariño que nunca le dieron los poderes. Le dan las gracias por su manera de enfrentarse a la paternidad, a los hijos, a la vida. Y el Capde es feliz.

La tarde del martes le concedieron el premio Ciutat de Barcelona. El jurado destacó precisamente "su esfuerzo constante en la defensa de la educación desde los medios", y aplaudió el compromiso de su discurso de despedida como director.

No dudo de que haya otras buenas personas al frente de medios de comunicación, directores con escrúpulos, con principios, que no se casan con los poderes. Pero Capdevila fue capaz de verbalizar las miserias de un oficio que sin gente como él sería un caldo de cultivo perfecto para muchos hijos de puta. Gràcies Carles. I veiem-nos més, home.

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