25 oct 2020

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GEOMETRIA CIUDADANA

El escritor Gabriel Magalhaes (izquierda), junto a Anton Costas, en el Cercle d’Economia.

EL PERIÓDICO

Los españoles y 'els ponts trencats'

Joan Tapia

Hace cuatro semanas dije que Pedro Sánchez iba a por todas. Ya tiene el encargo del Rey para intentar la investidura y quizás sea el momento de comentar dos recientes libros --'Los españoles', de Gabriel Magalhaes, y 'Els ponts trencats', de Manuel Milián Mestre-- que desde experiencias vitales muy distintas abordan el gran fracaso de la legislatura pasada, el creciente cisma entre Catalunya y España.

Magalhaes es un portugués que por la profesión de ingeniero de su padre vivió de niño en España --Euskadi y Ourense-- y que luego enseñó literatura portuguesa en Salamanca. El libro es un encargo de Clara Pastor, que dirige Elba, una pequeña e inquieta editorial. Magalhaes se aproxima a España uniendo la literatura y el arte con una mirada penetrante. Parte de Cervantes Velázquez y aterriza en la actual crisis política y moral.

Las memorias de Manuel Milián Mestre son todo lo contrario. Es un relato apasionado de una larga vida política volcada en el intento frustrado de insertar un catalanismo prudente en la derecha española. Repasa cómo un joven e inquieto periodista se convierte --con el activo empresario Josep Maria Santacreu por ahí-- en uno de los principales puntos de apoyo de Manuel Fraga, el ministro de Franco que quería construir desde el Régimen un partido de orden y de centro (más o menos). Y arroja luz sobre la evolución y las batallas de Reforma Democrática, Alianza Popular y Partido Popular, partidos de los que Milián Mestre se considera --con razón-- fundador incluso desde antes que existieran. Desde 1970.

Decir que todas las autonomías son iguales es una falsedad. Como cuando Oliveira Salazar proclamaba que Angola era parte de Portugal

Magalhaes --del que la fundación Joan Maragall acaba de publicar otro libro sobre espiritualidad-- nos disecciona con cariño, pero también con afilado bisturí. La característica de España (su fuerza y debilidad) es la gran tensión interna. Tras la guerra civil era un país desprestigiado y pobre y a Franco se le veía "como un carnicero de la historia". Hoy es una nación democrática y apreciada. El cambio empezó cuando el franquismo de los 60 apostó por el capitalismo occidental: "Una nación con el candado de la dictadura se abrió... y se transfiguró, hasta tal punto que el dictador parecía un amable anciano en el país que gobernaba... luego se le enterró como si no hubiera pasado nada: el desarrollismo fue el seguro de vida del Valle de los Caídos". La primera transición fue pues obra del Opus con el famoso plan de establización y los informes del FMI y el Banco Mundial.

La democracia supuso un profundo cambio y se acertó al juntar modernización política y libertades con capitalismo occidental. Felipe González confirmó ese rumbo con gran lucidez y así "España se convirtió en una nación potente a punto de entrar en la élite de los más ricos... fue el hechizo hispánico de los 90 con la Expo de Sevilla y los JJOO de Barcelona... Por eso cuando Aznar llegó al poder se sintió un poco como Felipe II, algo que le puede pasar a un señor bajito que usa tacón y bigote". Tres breves apuntes tan originales como polémicos de FrancoFelipe Aznar.

LA RESURRECCIÓN DE LO ANTIGUO

Pero el capitalismo global (con la irrupción de China) sustituyó en el mundo al capitalismo occidental a finales del primer decenio de este siglo y ese El Dorado hispánico entró en crisis. "La máquina española chirrió y sigue chirriando... formas violentas de exclusión resurgieron y la diversidad cultural volvió a resquebrajar la vida política". Podemos, el soberanismo catalán o la tajante tozudez del PP no son nada nuevo, sino más bien resurrección de cosas antiguas.

El dictador Oliveira Salazar se empeñó en que Angola y Mozambique también eran Portugal. Era una gran mentira y acabó mal. La falsedad española es proclamar que todas las autonomías son iguales. "Puede sonar bien pero no se corresponde con los hechos…hay unas que tienen una lengua propia y una historia multisecular…y querer que estos variados trenes circulen por la misma vía con destino a la misma estación es imponer al país un lento y progresivo sufrimiento colectivo... Cuando una nación se encastilla en una mentira lo mejor es quitar la máscara con rapidez. Hay que tomar la Bastilla de ese bulo".

Hay autonomías más densas a las que hay que reconocer un estatuto especial: "entre la mentira del independentismo y la del nacionalismo carpetovetónico, esta sería la bisectriz para el complicado ángulo ibérico".

El fundador del PP aprobó el 'sí' de Milián Mestre al Estatut del 2006 por el "mal menor"

No hay espacio para más pero la fundación La Tercera Via debería regalar sendos ejemplares a Carles Puigdemont y a Mariano Rajoy, que ahora dice que tiene la agenda libre. Magalhaes no es catalanista, pero ausculta bien.

Vamos por Milián, que en 551 páginas explica muchas cosas, entre otras su frustración por los puentes rotos. Los pactos del Majestic entre un Pujol que, a diferencia de Mas, sabía merodear Madrid y un Aznar que dependía de CiU, alumbraron la mejor legislatura de la democracia. Luego la soberbia de las mayorías absolutas --el 2000 con Aznar y el 2008 con Rajoy-- nos han llevado a una situación insospechada que enerva a Milián, admirador del realismo de Tarradellas. Y explica algo revelador, Manuel Fraga le felicitó cuando le dijo que "por el mal menor" iba a votar el Estatut del 2006. Es una bomba atómica sobre Génova.

Al final, el ninguneo al PP catalán de la dirección de Madrid ha forzado a Milián a tirar la esponja. El PP ha perdido un militante incómodo, los españoles han ganado un testimonio revelador.

El día en que Fraga perdió la guerra frente a Suárez

3 de julio de 1976. Milián vivía en Madrid. Pone la radio a primera hora: Adolfo Suárez, nuevo presidente, releva a Arias Navarro. Salta de la cama conmocionado. ¡Horror! Punto final a la gran ambición de Manuel Fraga: presidir la Transición. A las 8.15 entra en el Ministerio del Interior. Nadie donde el jefe de gabinete, ni en la secretaría. Una voz, menos imperativa de lo normal: Adelante.

Lo encontró derrumbado, como Napoleón --dice-- tras Waterloo. He venido a felicitarle porque creo que le han sacado de la hoguera. Sorpresa. ¿Felicitarme...? Se estaba quemando. El ministerio es un potro de tortura. Fraga: He hablado con el Rey, ya no hay remedio, lo que ha pasado no dependía de mí y no era previsible. Milián se despide: Ánimo, don Manuel.

¿Por qué prefirió el Rey a Suárez en la decisión clave? Fraga era un cheque en blanco a alguien con gran personalidad. Perdía el control. Suárez era depositar la confianza en un político menos conocido, flexible, azul pero pálido y sin enemigos (entonces) en el búnker. Fraga era 'troppo' Fraga.