18 sep 2020

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Editorial

Miedo en la Mina

Los gitanos españoles llevan tiempo esforzándose para superar años de marginación y para defender su singularidad dentro del respeto a la ley

«La Mina respira» se proclama desde un muro del barrio de Sant Adrià del Besòs, pero desde el pasado 23 de enero sus vecinos contienen el aliento mientras soportan un ambiente de calma tensa en las calles. Aquel día murió en una pelea de discoteca en el Port Olímpic de Barcelona un gitano del clan de los Baltasares, el más poderoso de la zona, a manos de otro perteneciente a los Pelúos y los Zorros. Poco después de conocerse la noticia centenares de familiares del agresor -que ya está detenido- iniciaron un precipitado éxodo para evitar lo que dicta la justicia gitana: un muerto se paga con otro muerto.

Pero el miedo no puede seguir atenazando por mucho tiempo la vida de los vecinos de la Mina. Ancestrales tradiciones no deben justificar la toma de la justicia por la propia mano y es preciso atajar cualquier acto violento de venganza que, en caso de producirse, deberá llevar a sus protagonistas ante la única justicia que fija las reglas de convivencia de todos. El episodio no es nuevo pero no por ello puede hacer olvidar que los gitanos españoles llevan tiempo esforzándose para superar años de marginación y de defender su singularidad dentro del respeto a la ley. Sus líderes siguen abogando por la mediación en el interior de su comunidad como forma de superar conflictos y desaprueban el ojo por ojo como forma de justicia particular. La responsabilidad por los actos de individuos que viven al margen de cualquier ley solo deberá recaer sobre ellos mismos.