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Opinión | Dos miradas

JOSEP MARIA FONALLERAS

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Flores o violas

Las asas de cerámica de Frederic Amat, o los anillos de color granate, o las argollas, o como queramos llamarlas, han provocado una de esas polémicas que tanto nos gustan. ¿Es necesario intervenir en la fachada del Liceu? ¿No sería mejor invertir en el interior o, como decía Rosa Massagué en este diario, en nuevos instrumentos para la orquesta? Ahora, si hay un mecenas que no sabe qué hacer con 300.000 euros y que se les quiere gastar para poder pasar a la posteridad, ¿qué se le puede hacer? ¿Se le debería obligar a comprar violines y violas en lugar de flores decorativas? Los hay que defienden la fachada como un patrimonio arquitectónico que debería estar al margen de intervenciones estrafalarias y hay quien, como Lluís Pasqual, considera que se trata de un mediocre casino de pueblo y que ya está bien que tenga un poco de alegría contemporánea.

Uno de los argumentos en contra que más se han utilizado es que los anillos servirán para que las palomas hagan parada y fonda, dispuestas a defecar sobre los peatones. Enseguida, el mismo Amat ha dicho que las palomas no podrán porque que la cerámica es deslizante y no admite el reposo del pájaro. Es una polémica fantástica. La defensa del nuevo 'conseller' de Cultura es apoteósica. Le gusta mucho, debido, sobre todo, «al carácter reversible del proyecto». Nos viene a decir, «venga, va, no sufráis tanto, que, total, el día que toque las quitaremos». Entonces, eso sí, tendremos que buscar otro mecenas que quiera pagar al contado.