Cambio de escenario tras las elecciones

Un nuevo rumbo en Taiwán

El apabullante triunfo de Tsai Ing-wen abre un horizonte de incertidumbres en el statu quo con China

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Tras la apabullante victoria de Tsai Ing-wen y el Partido Democrático Progresista (PDP) en Taiwán, muchas voces clamaron de inmediato a favor del sosiego en las relaciones a través del estrecho. Y es que, si bien esperado por todos, el cambio de rumbo en la política de Formosa abre un horizonte inevitable de incertidumbres. Tsai ya hizo valer en campaña su mensaje de compromiso con el statu quo, pero su propia victoria es una derrota en toda regla de un estado de cosas marcado por la interlocución casi exclusiva de su rival, el Kuomintang, en el diálogo con el continente.

Hay dos principales interpretaciones del statu quo. La que comparten el Partido Comunista de China (PCCh) y el Kuomintang (KMT), que alude a la integración de las propuestas de uno y otro. De los tres noes del KMT (a la unificación, a la independencia, a la violencia) a la fórmula un país dos sistemas del PCCh, el consenso de 1992 (solo existe una China aunque cada parte difiere en la interpretación) estableció el mínimo común denominador aceptable para ambas partes. Sobre esa base se avanzó desde el 2005, y sobre todo desde el 2008, en el establecimiento de un tercer espacio de construcción de una identidad común basada en la interacción progresiva a todos los niveles. El propósito de ambos partidos consistía en ir ensanchando poco a poco ese espacio.

La victoria del PDP da al traste con ese procedimiento que apunta a la unificación de hecho como vía para resolver el problema histórico de la separación, primero en el siglo XIX y después en el XX. El statu quo de Tsai no es el del tándem PCCh-KMT. Si para estos se trata de un punto de partida, para Tsai se trata más bien de un límite. Comprometerse con el statu quo significa para Tsai declarar que no se van a dar pasos en dirección a la independencia pero es previsible que tampoco hacia la unificación. Frente a un concepto dinámico del statu quo, el que ofrece Tsai es un concepto estático. Por ello, la incertidumbre rodea incluso el futuro inmediato de los acuerdos y negociaciones recientes donde se han establecido algunos complejos avances. Por otra parte, la implementación completa de acuerdos ya asentados podría experimentar algunos reveses a la vista del protagonismo parlamentario que se avizora en todas las cuestiones relativas al diálogo a través del estrecho.

La voluntad de tender puentes

La figura de un mediador que pueda contribuir inicialmente a tender puentes entre ambas partes fue evocada durante la campaña. James Soong, el líder del Partido el Pueblo Primero, formación de signo nacionalista escindida del KMT y con tres diputados, bien recibido en Pekín, podría desempeñar algún papel en este sentido. En los últimos años, los intentos de formalizar un diálogo PCCh-PDP a través de la vía local o académica, que persisten, no se han visto coronados del todo por el éxito.

Si las cosas están complicadas en el plano institucional, la situación no es mejor a otros niveles. El mensaje transmitido por el electorado taiwanés en relación a la unificación es que ni quiere ni tiene prisa, contrariamente a lo manifestado por Xi Jinping en el continente quien aseveró que este problema no se puede dejar pendiente de generación en generación. El estudiantil Movimiento Girasol, en la primavera del 2014, catalizó las alarmas, aglutinadas ahora singularmente por esos cinco diputados del Partido Nuevo Poder, propiciando un espectacular giro de la sociedad taiwanesa que noqueó al KMT. Con los recambios quemados en estas elecciones, le llevará su tiempo recuperarse.

La dependencia económica de Taiwán

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Pekín precisa altura de miras. Para el continente, Taiwán es 'casus belli'. Por eso mismo tiene que demostrar cintura suficiente para reconocer de facto las nuevas autoridades taiwanesas y trabajar con ellas si ansía vencer las resistencias sociales en la isla. Respetar la democracia multipartidista existente en Taiwán le obliga a tener en cuenta todas las fuerzas. Por otra parte, Tsai debe tener presente que durante el mandato de Chen Shui-bian (también del PDP), entre 2000 y 2008, los esfuerzos de Taipéi por abrirse a otros espacios económicos fueron baldíos. A pesar de la vocación criptoindependentista de Chen, la dependencia económica de Taiwán respecto al continente se acentuó.

Tsai Ing-wen debe afrontar una situación económica estancada, hecho que también pesó en la derrota nacionalista. La integración en los bloques regionales en formación le espera, pero deberá contar con la anuencia continental que detenta importantes capacidades para obstaculizarla. Por otra parte, le exigirá también la adopción de medidas liberalizadoras e impopulares. Su presidencia, nacida con tan buena estrella y tan amplio apoyo, no será coser y cantar.

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