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Dos miradas

¿Y si trabajan?

Emma Riverola

Un plan de choque que se queda corto y que no combate de raíz los problemas. Una desigualdad cada vez más acuciante que hunde a barrios enteros en la pobreza. Mientras, el discurso político sigue enconado en la cuestión nacionalista. A él se dedican todos los esfuerzos e ilusiones. Bajo sus claves se analiza el presente y el futuro. Y la realidad sigue avanzando hacia un deterioro que estallará sin remedio. Que la sanidad presente unas deficiencias que pueden causar su colapso debería encender todas las luces de alerta. ¿Quién está pensando en cómo remodelar el sistema para salvarlo? ¿Es la renuncia a su calidad y su universalidad la única alternativa? ¿Hay caminos que permitan su subsistencia y aseguren nuestro bienestar? ¿Hay alguien pensando? ¿Alguien trabajando? Y lo mismo en educación, en servicios sociales, en el sistema de pensiones

Fiar la subsistencia del sistema a la independencia, más aún cuando el propio Puigdemont reconoce que «no hay fuerza suficiente para una decisión unilateral», es confesar que jugamos con una venda para no ver los problemas. Si no hay fuerza suficiente, el único camino es el pacto. La ambición soberanista no tiene por qué renunciar a nada, pero sí destinar los esfuerzos a la única vía posible y no ir enlazando gobiernos transitorios que, lejos de buscar los consensos para tratar temas de gran calado, se dedican a dibujar molinos en el aire. Hay que trabajar. Lo demás es frivolizar.

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