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Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa junto a la alcaldesa Ada Colau, en el acto de homenaje a Carmen Balcells.

ELISENDA PONS

Colau, pobreza y desigualdad

Albert Sáez

Algunos energúmenos, en la red y las tertulias, se han lanzado a la yugular de l'alcaldesa Ada Colau tras la publicación del informe municipal sobre la desigualdad en Barcelona. Hay algo peor que un ciudadano desinformado, un ciudadano mal informado. Las espeluznantes cifras de aumento de la distancia entre ricos y pobres corresponden al año 2014, antes de que Colau entrase a gobernar y es evidente que no son el resultado de sus decisiones, sino de lo que ocurrió en los cinco o diez años anteriores. Y como demuestra el informe publicado unas horas después por Intermón-Oxfam no se trata ni tan siquiera de una tendencia ni barcelonesa, ni catalana ni europea sino de un asunto global y globalizado. 

Con todo, la desigualdad es más una arma política que una realidad social. Lo realmente clamoroso es el descenso de una importantísima legión de ciudadanos de clase media al infierno de la pobreza. Y no solo de manera pasajera sino de forma crónica. Barcelona es uno de los observatorios más palmarios de este fenómeno global. ¿Por qué hemos llegado hasta aquí? No hay una sola causa pero es evidente que la versión neoliberal de la globalización ha sido determinante como demuestra el informe Oxfam: la desregulación ha permitido simultáneamente la huída de los capitales hacia paraísos fiscales y la deslocalización del trabajo hacia paraísos sociales. De manera que los ricos no pagan impuestos en el lugar donde viven y usan servicios públicos y las clases medias pierden el bienestar al perder el empleo o se precarizan pagando los impuestos que otros no pagan. Un torpedo en la línea de flotación del pacto social que forjó el modelo europeo al que hemos renunciado sin el más mínimo debate.

La acción municipal

El actual consistorio de Barcelona ha dedicado 100 millones de superávit a intentar paliar la creciente desigualdad. Un apaño como el que ahora se propone el flamante gobierno Puigdemont. Pero la solución final nos volverá al debate de siempre: ¿Hay que redistribuir rentas de Pedralbes a Trinitat Nova? ¿O hay que crear nueva riqueza y repartirla mejor? Decidamos pensando que hoy la riqueza no está solo en la propiedad sino en la creatividad y en las oportunidades. 

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