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Editorial

La jornada intensiva en las aulas

Uno de los debates más persistentes en el sistema educativo es el horario lectivo de alumnos y profesores y sus consecuencias, tanto pedagógicas como en el ámbito de la conciliación familiar. No existen hasta la fecha estudios comparativos que permitan concluir que una modalidad de jornada escolar distribuida entre mañana y tarde sea mejor que la intensiva. Y tampoco lo contrario. Ambas opciones pueden observarse tanto entre los países que obtienen excelentes resultados educativos como en los que cosechan mayor fracaso escolar. Cuestiones muy variadas -entre las que no hay que desdeñar las geográficas o climáticas- impiden una respuesta única y general. Sin embargo, en apenas unos años la implantación de la jornada intensiva en los centros de secundaria en España ha ganado terreno de forma casi abrumadora, hasta el punto de que en el 85% de los institutos catalanes ya solo se imparten clases por la mañana, con resultados dispares. Ahora, lo que ya parece irreversible en la enseñanza secundaria va ganando terreno en las escuelas públicas de primaria de Catalunya, donde son cada vez más los centros que solicitan a Ensenyament acogerse al plan experimental de jornada compacta que hasta ahora solo se seguía en siete escuelas.

Los defectos advertidos en el proceso de implantación del horario intensivo en la secundaria deben ser tenidos muy en cuenta ahora, cuando el cambio de jornada escolar afecta a alumnos menores de 12 años y, obviamente, a su entorno familiar. Lo razonable es prolongar ese plan piloto y examinar los efectos que se derivan de enviar a los escolares a casa a las tres de la tarde, entre los que se incluiría la pérdida -como ha ocurrido en la ESO- del servicio de comedor escolar. Además, la jornada continua volverá a poner a más familias ante el desafío de dejar al menor en casa durante las tardes o bien buscarle actividades formativas cuyo coste no podrá ser asumido por las economías más vulnerables.

La jornada intensiva no debiera generalizarse sin evaluar los riesgos no solo pedagógicos sino también sociales. Hace bien Ensenyament en seguir prolongando el plan experimental en la etapa de primaria mientras profesores, padres y Administración profundizan en un debate cuya importancia no admite precipitaciones irreversibles.

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