Ir a contenido

El drama del éxodo de población

Los refugiados que no llegan

Xavier Rius

La falta de diligencia de la UE y la restrictiva normativa española dejan en simbólico el flujo de asilados

La crisis de los refugiados, esas imágenes del éxodo de miles de personas huyendo de la guerra, llegando a las islas griegas y atravesando los Balcanes, sorteando las alambradas que se van levantado, y esas imágenes de aquellos que fallecieron ahogados, fueron el tema principal de la mayoría de los resúmenes del 2015 de los programas televisivos y los suplementos de prensa en Europa. En esos resúmenes se recordó el acuerdo de redistribuir a 160.000 refugiados en los distintos países de la Unión Europea para aliviar la situación de Grecia, Italia y Hungría, así como de Alemania, el principal receptor, que ha convertido los polideportivos en albergues. El impacto de la imagen del niño Aylan Kurdi forzó que se consiguiera el acuerdo de redistribución, al que llamaron personalidades de todos los ámbitos. Y desde Barcelona y Madrid surgió la iniciativa de ciudades refugio.

Pero cuatro meses después no se ha activado aún la distribución de esas 160.000 personas. Alemania sigue recibiendo el grueso del flujo, mientras que en muchos lugares, como respuesta a ese flujo y a los ataques yihadistas de noviembre en París, se ha restringido la libre circulación que establece Schengen. Y en Catalunya y España, aquellas asociaciones y municipios que se ofrecieron a acoger refugiados no entienden por qué no están llegando.

Pese a que algún político, como el concejal Alfred Bosch, ha acusado al Gobierno de Mariano Rajoy de bloquear la acogida de refugiados en Catalunya, las causas son más complejas. En abril, Rajoy rechazó asumir el primer contingente de 4.288 personas, pero tras la muerte de Aylan, cuando la UE acordó el reparto de los 160.000, cambió y dijo aceptar en España a 19.219 procedentes de Grecia, Italia y Hungría. Pero hasta ahora la UE solo ha redistribuido -de ese total de 160.000- a dos centenares, 19 de ellos hacia España, mientras que en fronteras como la de Macedonia solo se deja pasar a sirios, iraquís, afganos o eritreos y se bloquea el paso al resto, incluso a los que huyen de la franquicia africana del Estado Islámico, Boko Haram.

Las causas del bloqueo de este reparto no están principalmente en la Moncloa, sino en la falta de diligencia de quienes ejecutan las decisiones de la UE. Este reparto debe ser parejo a la creación de puntos de identificación en Grecia e Italia y a la asunción por parte de estos países de una política de control de sus costas para evitar la llegada de migrantes, disminuir el flujo de refugiados y retornar a los que no procedan de Siria, Irak, Afganistán o Eritrea. En esta línea van el cuerpo policial europeo que propone crear Bruselas y las contrapartidas de 3.000 millones de euros de ayuda que se ofrecen a Turquía para aliviar el coste de los dos millones de refugiados que tiene. Es decir, se pretende que los estados costeros de la Unión hagan el filtro, y que Turquía, a cambio de estos fondos y de otras contrapartidas en su negociación con la UE, contenga a los que huyen de Siria y retorne a los originarios de otros países. Y mientras, la mayoría de los que superan el corredor balcánico siguen llegando espontáneamente a Alemania, poniendo en una difícil situación a Angela Merkel, que ve como crece la xenofobia.

Sí hay mucha responsabilidad española en el hecho de que España apenas reciba refugiados llegados de manera espontánea, debido al procedimiento legal ante los mismos. Muchos de los que llegan a Europa no quieren venir aquí porque saben que, mientras que en Alemania o Suecia se aceptan más del 50% de peticiones de asilo, en España hasta hace un año solo se concedían el 5%. Además, en España el procedimiento es más complejo y dificulta que los solicitantes puedan reunirse con compatriotas que ya estén aquí. Así, se exige a los solicitantes que vivan en pisos gestionados por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, Cruz Roja y la Comisión Católica de Migraciones en la ciudad que se les asigna. Y si rechazan dicho alojamiento porque desean ir allí donde tienen compatriotas, pierden todas las ayudas sociales y económicas del programa de refugiados. El hecho de que no se haya aprobado el reglamento de la ley de asilo del 2009 no facilita el ejercicio de este derecho.

Escandalosa es la espera -en muchos casos, de más de un año- de los solicitantes sirios que se encuentran en Melilla y de los menos afortunados que esperan en Marruecos. Cuando abrió una oficina de asilo en la frontera melillense, España pactó con Marruecos que solo se dejase pasar a unos 25 al día. Y si hace un año y medio los sirios debían comprar un pasaporte falso marroquí para poder salir de Marruecos, ahora, que ya pueden cruzar la frontera marroquí con el suyo auténtico, deben pagar a mafias cercanas a la policía para poder estar entre los 25 elegidos del día. Todo eso ha motivado que muchos sirios retrocedan y opten por la vía de Libia hacia Italia. En esto sí que la responsabilidad es toda nuestra. 

0 Comentarios
cargando