19 sep 2020

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Pequeño observatorio

Los años de Cela, Cervantes y Shakespeare

Josep Maria Espinàs

Al escritor gallego le gustaba escandalizar en público, pero en privado no era nada exhibicionista

Leo en el Dominical de EL PERIÓDICO que este año se conmemorará el centenario del nacimiento de Camilo José Cela, el escritor en castellano con antecedentes gallegos y vínculos ingleses. Si todavía viviera quizá me diría: «Fíjate, Josep Maria, los mediocres están arrasando». Evidentemente, él no era un mediocre. Además de ser un escritor que puso pólvora estilística a la narrativa castellana y sentirse un personaje -lo era-, le gustaba escandalizar en público.

En privado era otro, sobre todo si el otro era alguien como yo, que no estaba preparado para ser brillante ni me lo proponía. Hicimos juntos un viaje a pie por el Pallars y el Vall d'Aran y me encontré con un Cela tranquilo, discreto, un compañero cómodo y nada exhibicionista. No ejercía de sarcástico, y lo era cuando en un viaje que hizo a América del Sur, si no me equivoco, un periodista cometió la imprudencia de citarle a otro escritor de la época, Zunzunegui. La respuesta de Cela fue tan original como malévola: «No hemos podido evitarlo».

Ahora no se habla mucho de Cela. La verdad es que sufrió el peor castigo que puede recibir un escritor que ha conocido el éxito: dejar de interesar. Él tampoco pudo evitarlo. Ahora se celebrará el centenario de su nacimiento. Y la noticia que he leído me hace saber que este mismo año se conmemorarán, además, los 400 años de la muerte de Shakespeare y de Cervantes.

Cuatrocientos años son muchos años. Una generación tras otra. Un proceso constante de innovaciones en todos los ámbitos. En las ideas, las costumbres, los oficios, las relaciones familiares, las técnicas, la medicina y la cirugía. Nos cuesta imaginar un pasado, las técnicas, la medicina y la cirugía. Nos cuesta imaginar un pasado tan remoto. Perdonen la intrusión personal: si ya nos cuesta tanto recuperar, a muchos, las vivencias de nuestra juventud...

Cervantes aún es leído, y el teatro de Shakespeare todavía hace vivir a los dioses personajes. Los siglos se ríen de los años.