21 oct 2020

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IDEAS

'Toy Story IV'

Juan Villoro

Cuando los juguetes electrónicos se encienden, las personas se apagan. Tal es la conclusión de un estudio realizado por JAMA Pediatrics, bajo la dirección de Anna V. Sosa, de la Universidad de Northern Arizona. De acuerdo con esta especialista en comunicación y desórdenes del lenguaje, un buen juguete debe ser “10 por ciento juguete y 90 por ciento niño”. Un cascanueces con aspecto de soldado fomenta que un niño, o alguien que recupera su infancia por escrito, como E. T. A. Hoffmann, le atribuyan historias. 

Una de las paradojas de los juguetes “interactivos” es que silencian a sus usuarios. Esto también atañe a los adultos. Compartir un juego con un bebé implica practicar una de las variantes menos imaginativas pero más formativas del lenguaje: la literalidad. Ante un conejo de peluche, la madre dice: “¡Mira, un conejo!”, algo decisivo para aprender a hablar y para la destreza que posteriormente se tendrá con el lenguaje.

Los aparatos piden respuestas precisas a los niños. Esto genera una dinámica ajena a la improvisación lingüística. Si un cacharro da instrucciones, los padres pierden elocuencia. El estudio coordinado por la doctora Sosa revela que ante un juego electrónico se dicen 40 palabras por minuto. En cambio, ante una muñeca se dicen 56 y ante un libro, 67. En una hora, el bebé electrónico escuchará 1.560 palabras menos que el bebé literario.

'Toy Story III' trata del rito de paso en que un chico abandona la infancia y regala sus juguetes. Si la saga de los juguetes animados continuara, podría ocuparse de los aparatos con alma artificial. Cuando el niño recibe un regalo electrónico, al principio se divierte más con la caja que con el contenido; poco a poco se vuelve rehén de un objeto que es 90 por ciento juguete y 10 por ciento niño.

El extraordinario documental de Carles Bosch sobre el Alzhéimer padecido por Pasqual Maragall lleva por título ciertas palabras olvidadas por el 'president': 'Bicicleta Cullera Poma'. Hay un momento en que debemos aprender esos vocablos y otro en que podemos olvidarlos. La cultura depende de decir “bicicleta”, “cuchara”, “manzana”. Para eso sirven los juguetes, especialmente los que tienen páginas. Conviene recordarlo en la semana de Reyes.