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Editorial

Irán y Arabia Saudí, en pos del poder regional

Puede parecer un enfrentamiento religioso, pero es una lucha cada vez más abierta por el poder regional en una zona del mundo sometida a grandes convulsiones políticas y militares y cuyo subsuelo, además, cuenta con una enorme riqueza. En el choque entre el Irán chií y la Arabia Saudí suní, los signos identitarios de la distinta adscripción religiosa sirven de combustible para alentar la lucha por la hegemonía. La ejecución (junto a más de 40 personas) del líder religioso chií Nimr al Nimr por parte de Riad ha desatado la violencia en Teherán y la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países, a la que se han sumado Bahréin, Sudán y los Emiratos Árabes Unidos, amigos de la Casa de Saud, mientras la verbosidad de los dirigentes saudís e iranís va subiendo de tono.

Estamos sin duda ante una crisis de alto riesgo, pero es también una crisis anunciada que tiene su origen en la invasión de Irak, que desató en ese país la guerra civil entre chiís y sunís. Aquella guerra no solo no ha concluido, sino que se ha extendido a la vecina Siria, ha favorecido la aparición del monstruo del mal llamado Estado Islámico y ha salpicado suelo europeo. El repliegue de Estados Unidos de la zona y el acuerdo nuclear con Irán se han añadido a la modificación de los equilibrios en Oriente Próximo. La solución de esta crisis va para largo, y una primera víctima bien podrían ser las negociaciones para la paz en Siria previstas para finales de mes en Ginebra.

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