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La dictadura de Arabia Saudí

Segregadas y sin derechos

Georgina Higueras

Las concejalas saudís elegidas en las urnas también siguen discriminadas y tuteladas por los hombres

Son concejalas, pero las 21 saudís elegidas en las municipales del 12 de diciembre continúan, como el resto de sus compatriotas, tuteladas por hombres, sin derechos y apartadas de los concejales con los que deberían trabajar. La dictadura de Arabia Saudí pretende con esta mascarada situarse entre las democracias occidentales. No en vano, tras un récord de decapitaciones en el primer semestre del 2015, por encima del autoproclamado Estado Islámico, logró que la eligieran –en junio, aunque se mantuvo en secreto hasta septiembre-- para presidir la comisión de expertos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esta comisión designa a los altos cargos que establecen los estándares internacionales de derechos humanos e informan de las violaciones de estos en todo el mundo.
     Después de ver 'Sufragistas', donde la directora Sarah Gavron pone en escena la lucha de activistas británicas que arriesgaron hasta la vida para conseguir el voto, los logros de las saudís dan ganas de llorar. «Sufren discriminación sistemática», afirma Amnistía Internacional. «Los avances van demasiado despacio», añade. El Gobierno indicó a las nuevas concejalas que «no habrá reuniones mixtas» con sus compañeros electos. En el tiempo transcurrido entre los comicios y la toma de posesión, el 1 de enero, se han tomado medidas en los ayuntamientos para «no poner en compromiso los límites religiosos». Las instituciones públicas tienen puertas de acceso y salas distintas para cada sexo. La segregación comienza en la escuela.

SIN CONTACTO CON LOS HOMBRES

En contra de lo que decía Mao Zedong, las mujeres no sostienen la mitad del cielo en Arabia Saudí, porque en realidad no son ciudadanas. Necesitan permiso de su tutor para estudiar, trabajar, tener pasaporte, viajar, casarse o acceder a la custodia de los hijos. Si tras cumplir una condena no las recoge el tutor, no pueden salir, como suele ocurrir. No pueden pedir de forma unilateral el divorcio y ni siquiera transmiten la nacionalidad a los hijos si se casan con extranjeros. Las concejalas tuvieron que hacer campaña detrás de celosías o con tutores al no poder dirigirse directamente a los hombres. 

Apenas trabaja el 20% de las mujeres, sobre todo en los sectores de educación y salud, aunque muchas realizan estudios universitarios en el extranjero. La mayoría de las empleadas dependen del tutor para ir a su puesto de trabajo, porque Arabia Saudí es el único país del mundo que no permite conducir a las mujeres. Hasta 1990, ninguna ley lo prohibía, pero cuando unas decenas de ellas se organizaron para salir con sus coches, un decreto oficializó la prohibición. Desde entonces, se ha movilizado sin éxito la campaña 'Woman 2 drive' y algunas activistas saudís han sido encarceladas. 
    La barbarie del régimen, que se rige por la sharia o ley islámica, es más grave aún. Las militantes de derechos humanos que para evitar los matrimonios con  niñas –los hombres pueden tener hasta cuatro esposas– pidieron que se fijara en 15 años la edad mínima para casarse, se estrellaron contra el Gran Muftí, jeque Abdulaziz al Asheij, que rechazó imponer restricciones. El controvertido consejero religioso Salé bin Fauzan, partidario de la esclavitud y la guerra santa, fue más allá y aplaudió que las niñas se casen «incluso si están en la cuna». 
    La gobernante casa de Saud autorizó por primera vez elecciones en el 2005, pero solo para dos tercios de los miembros de los consejos municipales, cuya misión se limita a cuestiones como el mantenimiento de parques y calles y a la recogida de basura. En el 2011, cuando se celebraron por segunda vez, el entonces monarca Abdalá –fallecido hace un año– anunció que las mujeres podrían votar en los comicios siguientes. En las tres ocasiones la participación ha sido muy baja, en torno al 10%.

Con todo, la presencia de mujeres en los ayuntamientos es un paso adelante en el rígido y autárquico sistema saudí. Es difícil, sin embargo, creer que 21 concejalas segregadas, de los 2.106 elegidos, tengan influencia. También juega contra ellas la crisis desatada por la caída del precio del crudo que, unida a la ofensiva contra Yemen iniciada con la venia de Washington, ha disparado el déficit al 20% del PIB. Un informe del FMI reveló que si Riad sigue bombeando petróleo al mismo ritmo, sus reservas se agotarán en cinco años. La familia real necesita más que nunca apoyo del poderoso clero wahabí.
    Ocultas bajo el abaya, el obligatorio mantón negro en que se envuelven, las saudís tienen un largo y espinoso camino por recorrer. No les será fácil. Les toca luchar tanto contra el conservadurismo del interior del país, como contra el poder de sus petrodólares en la esfera internacional, como demuestra el que, aunque tienen menos derechos que las afganas, EEUU nunca se planteó liberarlas. H
Periodista. 

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