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IDEAS

De listas y de listos

Jordi Puntí

Aún no hemos sucumbido del todo a las modas que alisan el panorama de la edición

En las horas tiernas del 2016, aprovechamos la ola del 2015 para comentar las listas de los mejores libros del año pasado, tan seductoras como arbitrarias. Al comparar las selecciones de los distintos medios de comunicación, uno se da cuenta que lo que las une no es la actualidad estricta, sino la falta de coincidencia. Es decir que, por suerte, aun no hemos sucumbido del todo a las modas que alisan el panorama de la edición. Tomemos la lista de EL PERIÓDICO, por ejemplo, compuesta con los votos de 60 críticos, periodistas y columnistas. Este año el libro más votado ha sido 'Pureza', de Jonathan Franzen, una novela que aparece, en distintas posiciones, en la mayoría de listas. Excepto en su ciudad de origen: en la selección de los diez mejores libros del 'New York Times', tan influyente, Franzen no tiene lugar. En cambio sí aparece en ella 'H de halcón', de Helen Macdonald, que aquí es un éxito de ventas y una predilección de muchos libreros, pero no ha llegado al top 10.

Otro nombre que sale en todas las listas que he consultado, de seis países distintos, es Karl Ove Knausgard con los diversos volúmenes de 'Mi lucha', pero siempre en cuarto o quinto lugar: como un Ringo Starr. Una prédica similar tienen los franceses Michel Houellebecq, con 'Sumisión', y  'Emmanuel Carrère' con 'El reino', y los distintos títulos de Svetlana Aleksiévich, publicados a toda prisa después que ganara el premio Nobel, también le han convertido en una asidua. Sigue el baile de nombres, el exotismo viaja. Entre los seleccionados por el semanario 'Die Welt', en Alemania, está 'Cómo me hice monja', de César Aira, y en 'La Repubblica', de Italia, escogen 'El impostor', de Javier Cercas, y 'Reparar els vius', de Maylis de Kerangal -novela que ganó el premio Llibreter, pero que extrañamente ahora ya no sale en las listas-. Y en Estados Unidos acaban de descubrir los cuentos de Clarice Lispector.

Ya se ve que los intereses son volubles en todas partes, con un peso de las traducciones, pero lo que sorprende de las listas en España es la presencia casi anecdótica de los autores propios -en catalán y castellano-, olvidados o relegados a lugares discretos. Ni tanto ni tan poco.