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Dos miradas

Hoy es el último día del año y ya sabemos, a estas alturas, qué resumen hacemos cada uno de nosotros. Se trata de un año que empieza y termina de la misma manera, con la irrupción en casa (no repentina, pero sí rotunda) del terrorismo islamista. Quien dice casa dice París, que es como si fuera nuestra casa. Las miles de víctimas de todo el mundo no cuentan tanto como los cientos de víctimas occidentales y, sobre todo, no nos afectan tanto porque ahora vemos (ya lo sabíamos, pero lo percibimos con más claridad, con más temor) como la amenaza es cercana, constante, permanente. Este año es también el de la confrontación más virulenta entre España y Catalunya, a golpes de manifestaciones, recursos, querellas, imputaciones, elecciones, declaraciones, proclamas, discursos, desavenencias, corrupciones, pactos y otras cosas por el estilo. Y es, asimismo, el año en que Europa se ha enfrentado a una crisis lacerante y aterradora, la de los refugiados, que amenaza no solo a la estabilidad sino al alma del continente. Acogida y adhesión a los principios civilizadores o bajada a los infiernos de la intolerancia y el rechazo.

Hoy es el último día del año y cada uno de nosotros hace memoria de las pérdidas. De las llegadas y de las despedidas. De la consolidación y del debilitamiento. De los que emergen y los que se zambullen en los recuerdos. Llega otro año, que pasará dentro de un año, como decía el cantante. Y me estoy preparando, esta es la novedad.