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Alan se ha suicidado el día de Navidad. Tenía 17 años y hacía unas semanas que un magistrado había dado el visto bueno para que se cambiara el nombre en el registro civil. Era la primera vez que en Cataluña se producía una decisión judicial así. Y coincidió con la de otro magistrado que autorizó a otro menor transexual a cambiarse el nombre.

La madre de Alan ha comunicado el suicidio de su hijo a la asociación Chrysallis, que pone en contacto a familias con niños y adolescentes transexuales. Alan y su familia habían encontrado ahí la acogida que echaban de menos en el conjunto de la sociedad, donde a menudo lo veían como una anomalía, un “bicho raro”.

"Siento en el alma tener que dar esta noticia terrible y triste. Nuestro hijo Alan se quitó ayer su corta vida de 17 años. No pudo con la presión de la sociedad y nos ha dejado para siempre", escribió la madre.

Chrysallis ha difundido un comunicado donde afirma que "la presión y la incomprensión en el ámbito escolar han podido con Alan" y que "no hay palabras para acompañar este dolor ni para expresar la indignación, frustración y vergüenza ante unas administraciones que nunca llegan a tiempo, que van siempre por detrás de las necesidades de la infancia y la adolescencia transexual".

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En la página web de la asociación hay un largo listado de mensajes de pésame y ánimo. Pedro escribe "Las estructuras y roles sociales deben cambiar de una vez y dejar de hacer daño a inocentes que no siguen el camino que quieren otros. La sociedad tiene que cambiar y debe ser educada en el concepto de igualdad". Ricardo dice "Alan ha muerto por ser normal. La sociedad es la enferma".

Consideramos enfermas a las sociedades que condenan a muerte a los homosexuales o obligan a las mujeres a cubrirse de arriba a abajo. Pero la nuestra tampoco está sana.