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El segundo sexo

¡Shakespearicémonos!

Care Santos

La obra del dramaturgo inglés mantiene una salud de hierro 400 años después de su muerte

En apenas cinco días caeremos de lleno en el año Shakespeare. Doce meses para recordar al dramaturgo inglés 400 años después de su muerte. Yo no podía esperar tanto. Un poco por impaciencia y bastante por casualidad, me he regalado un 2015 de lo más shakespeariano. No importa celebrar los 400 años o los 399, ¿no? Todo empezó -buen augurio- en el Teatre Lliure de Montjuïc con la estupenda -si hubiera un adjetivo más grande, ahora lo escribiría- El rei Lear, dirigida por Lluís PasqualNúria Espert como Lear. Teresa Lozano, el bufón. Ramon Madaula, Jordi Bosch, Julio Manrique, Míriam Iscla, Laura Conejero... y así hasta completar un reparto cinco estrellas. Debo confesar que me daba miedo que la Espert (que es mucha Espert) eclipsara a Lear (que también es mucho Lear). Pero no fue así. En el escenario estaba el rey Lear, no una intrusa. Y también había una actriz fuera de serie, con 80 años espléndidos.

'El rey Lear' fue estrenada en 1606 por la compañía The Chamberlain's Men -en la que trabajaba Shakespeare- en el teatro The Globe, de Londres. Justo allí, en Southbank, a orillas del Támesis, vi la última representación de la temporada de verano de la obra Ricardo II, un drama que recomiendo vivamente a todos los políticos en activo, porque tiene mucho para enseñarles. De hecho, a todos nosotros. Ya lo dice la escritora Jeannete Winterson, que Shakespeare es a la literatura lo que el negro a la gama cromática: engloba a todos los demás y es más que todos los demás juntos.

El teatro The Globe es una pequeña mentira, benevolente, como hay otras en la biografía shakespeariana. No estaba exactamente allí y quizá no era exactamente así. El de ahora se inauguró en 1997, siguiendo planos y dibujos de la época. Se sitúa a unos 200 metros de donde estaba el original. Pero no importa. Es de esas cosas que vale la pena creer. Como la fecha de nacimiento del genio, un 23 de abril, día de Sant Jordi. Cuando Shakespeare era pequeño, el día de Saint George se celebraba en su pueblo una procesión que recordaba la hazaña de la muerte del dragón. Es bonito y bien hallado que el escritor más grande de Inglaterra naciera el día del patrón de Inglaterra. Románticamente, nos lo hemos querido creer, aunque la única certeza que tenemos es la de su bautizo, el 26 de abril. Después el hombre, muy amablemente, también murió un 23 de abril, pero del calendario equivocado, el juliano, que en Inglaterra no fue sustituido por el gregoriano hasta mediados del siglo XVIII. De hecho, 23 de abril o 3 de mayo (que sería el día correcto), no importan. Da gusto mantener el día de Sant Jordi como centro de las celebraciones. Sobre todo porque es también el día en que fue enterrado -había muerto unas horas antes- Miguel de Cervantes, el otro gran hombre de letras al que toca homenajear en el 2016.

Y como todos los círculos se cierran, de nuevo en Barcelona todo son buenas noticias para empezar el año Shakespeare. En la pequeña Maldà se acaba de estrenar un espectáculo grande: Shaking Shakespeare, dirigido por Moisès Maicas. En el fondo, es una fechoría. Faltar al respeto a Shakespeare es una buena manera de homenajearlo, sobre todo si se hace bien. Nueve cantantes, encabezados por el tenor Josep Fadó, revisan la relación -larga e intensa- de Shakespeare con la música. Las voces son magníficas, el espectáculo es un entretenimiento de altura y los días no pueden acompañar mejor. Hay que verlo para ser feliz, así de fácil.Continué con la afición shakespeariana de vuelta a Barcelona, ​​viendo aquel atrevimiento de Àngel Llàcer y Manu Guix en el Teatre Nacional de Catalunya, Molt soroll per no res, cantado y bailado al estilo de Cole Porter. Un montaje bien hecho, y pensado para que la gente quede contenta, que volverá el año que viene. Pero el atrevimiento mayor lo he visto en Nueva York y se llama Something Rotten (Algo podrido). Aquí Shakespeare es el protagonista, popular como una estrella de rock, encantado de conocerse. Una compañía rival necesita un éxito para no derrumbarse, y lo encontrará inventando el musical con una comedia de sutil y alocada inspiración shakespeariana. El espectáculo es inteligente, ágil, divertidísimo. Diría que tras el texto de John O'Farrell -uno de los creadores del satírico show televisivo inglés Spitting image- está la megabiografía shakespeariana de Peter AckroydIt 's hard to be the bard (Es duro ser el bardo), canta Christian Borle en el escenario, y nosotros vemos un Shakespeare presumido y agobiado por las exigencias de la fama.

En el Lliure Núria Espert vuelve a hacer de Lear cada noche. En Londres preparan el estreno inglés de Something Rotten, que no podrá llegar en mejor momento. El Globe ya ensaya el Shakespeare's birthday de este año, que deberá ser sonado. El bardo hará 452 añitos con una salud de hierro.

Temas: Teatro

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