La rueda

¿Hacerlo peor?

La política saca a veces mucho más rédito si se dedica a empeorar los problemas, más que a solucionarlos

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¿Se podía haber hecho peor? La última vez que me he tenido que volver a hacer esta pregunta fue tras leer 'El cártel', la última novela de Don Winslow ambientada en las guerras del narcotráfico y contra el narcotráfico. Se trata de la segunda entrega de una historia centrada en la relación entre un señor mexicano de la droga y un agente estadounidense de la DEA. En teoría la historia es ficticia. Digo en teoría porque, tal como ocurría en 'El poder del perro', que fue el primer libro de la saga, el telón de fondo de esta ficción es un retrato descarnado, aterrador y terriblemente real, con nombres propios y hechos concretos, de cómo la droga ha marcado a sangre y fuego la historia política reciente de la relación entre México y EEUU.

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Según Winslow, lamentablemente, tres cuartas partes de lo que cuenta en sus libros no se lo ha tenido que inventar. Por eso su obra, la parte de no ficción, evidencia hasta qué punto han sido equivocadas y contraproducentes las políticas que se han querido aplicar para intentar solucionar el problema. ¿Se podía haber hecho peor? Seguramente no.

Y como decía antes, no es un caso único. Si repasamos otros ejemplos de política internacional/económica con implicación de EEUU, vemos que la pregunta nos la hemos repetido más de una vez. Solo hay que recordar el despropósito que supuso su papel en los años 70 y 80 en Centroamérica, su patio trasero, o, recientemente, con la guerra contra el terrorismo integrista. En conclusión, como que ninguna de estas malas experiencias se explican por incompetencia o casualidad, solo hay una explicación posible: la política no siempre busca arreglar los problemas, a veces acaba sacando mucho más rendimiento si se dedica a empeorarlos. Una máxima que, por desgracia, no es de aplicación exclusiva a la política internacional.