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Análisis

El país que temía ser Dinamarca

Antón Losada

Fue uno de los mantras de la campaña. Todos querían ser como Dinamarca. Lo anhelaban con tanto empeño que incluso se la tiraban a la cabeza entre sí. Había que elegir, o vivir a gusto como daneses o sufrir como venezolanos. Todos deseamos su sanidad, su educación o esa vida política tan plural donde nadie pasa del 30% del voto y donde buscar la negociación y el acuerdo representa la normalidad.

Lo danés nos parecía a todos tan bien que la verdadera sorpresa de la noche electoral ha sido que, ahora que somos como Dinamarca y nuestra política parece un episodio de la serie 'Borgen', nos da pánico. Ahora que nadie suma la mayoría y se necesita el acuerdo de muchos para gobernar, nos parece mal. Donde antes veíamos un ejemplo de democracia ahora solo apreciamos ingobernabilidad. Asusta tanto, que muchos ya claman por elecciones anticipadas. Imagínense si en Dinamarca se lo tomasen tan a la tremenda. Se habrían pasado los últimos 50 años votando.

TRIUNFO DE LA POLÍTICA

La política emerge como la gran triunfadora de la noche electoral y esa es la buena noticia. Se acabó el mandar por decreto. Se terminó el ordeno y mando porque no hay otra opción. Adiós a proteger a los nuestros. Adiós al plasma y a no dar explicaciones. Quien pretenda gobernar deberá sumar hasta el último apoyo, construir acuerdos, explicarse y rendir cuentas. Si eso es inestabilidad, bienvenida sea.

El Partido Popular ha obtenido un mal resultado. Comparado con sus expectativas, casi una derrota. Pero Mariano Rajoy ha sido el más votado y eso le coloca en la mejor posición para formar gobierno. Contrariamente a cuanto parece tiene bastantes probabilidades de lograrlo. Si no lo consigue el PP forzará su segundo mejor escenario: unas elecciones anticipadas donde convocaría al electorado conservador en nombre de la gobernabilidad.

Ciudadanos Albert Rivera tienen escaso margen de maniobra. Solo pueden facilitar la investidura de Rajoy. Buena parte de su electorado les votó para eso y serán objeto de fuerte apremio mediático y empresarial. Unos comicios anticipados suponen un riesgo inasumible. Si una campaña se le hizo larga, calculen dos. Su dilema se resume en entrar o no entrar en el Ejecutivo. Ciudadanos y PP suman una mayoría no absoluta, pero viable. El primer movimiento de Rivera ha resultado revelador: emplazar al PSOE a repartir los costes de la investidura.

El PSOE ya está sometido a una enorme presión interna y externa para allanar el camino a Rajoy. Una parte del PSOE lleva tiempo promoviendo la gran coalición y otra teme aún más un acuerdo con Podemos. Pedro Sánchez no solo ha anunciado su candidatura orgánica. Ha soltado el primer golpe en una batalla que acaba de empezar. Al PSOE no le interesan otros comicios tras salvar estos en la campaña. O gobierna o lo permite. Podemos ha recurrido al clásico truco de quien no quiere negociar. Poner una lista imposible de condiciones. Pablo Iglesias no ha podido decirlo más claro: faltó una semana y un debate. Eso buscará a partir de ahora. Otra campaña para completar la remontada.

Tanto hablar de lo viejo y lo nuevo para acabar en la izquierda o la derecha. Aunque no son los únicos actores. Cómodamente instalados aguardan su oportunidad los partidos nacionalistas vascos y catalanes. Los grandes olvidados de la campaña vuelven a tener la llave de paso. Arranca una carrera por formar gobierno, pero también por ver quién carga con la culpa si al final nos llaman a votar de nuevo.

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