02 jun 2020

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De izquierda a derecha, Irene Llorente, Carla Garcia y Yaiza Torres. 

ELISENDA PONS

No somos país para jóvenes

Carles Campuzano

La Gran Recesión nos ha recordado, con toda crudeza, que no somos un país para los jóvenes: los datos sobre la pobreza infantil (28,8% en el año 2014), el fracaso escolar (21,5%) y el abandono prematuro del sistema educativo (22,2%);  el paro juvenil (33,4%, afectando especialmente a los menos formados con un 48,8%), la precariedad laboral (40,5% de contratos temporales) y  la tardía edad de emancipación de los jóvenes (24,4 años) o las tasas de fecundidad de las parejas (1,37%, con una edad media del primer hijo  a los 30,4 años), configuran un panorama inquietante sobre nuestro futuro, tanto en términos económicos como en su dimensión social, que no resisten ninguna comparación con los mejores países de nuestro entorno. Una demografía de país decadente, un estancamiento de la movilidad social ascendente, una emigración de los jóvenes preparados, tantos jóvenes sin perspectivas… anuncian un no-futuro si no somos capaces de dar la vuelta a la actual realidad. Y la demanda de un Estado propio para Catalunya tiene que ver, y mucho, con todo ello.

Ciertamente toca rehacer el país en muchos sentidos después de estos años de crisis; la fractura social ha sido considerable y el paro de larga duración y el incremento de la pobreza son exponentes muy claros. Parece que el ascensor social que ha caracterizado el modelo catalán de sociedad ha quedado tocado. Hay que reparar, sin duda, un Estado del Bienestar golpeado por el ajuste fiscal que hemos tenido que  afrontar durante estos 6 últimos años, pero también toca activar un nuevo Estado del Bienestar en el que la prioridad en las inversiones en infancia y juventud sean principales y compartidas, con las luces largas bien enfocadas. Y las posibilidades que tiene la actual Catalunya autónoma, con un enorme déficit fiscal, sin el control de la política de becas y  política laboral, por ejemplo, es limitada. Por eso necesitamos también el Estado!

Pero también necesitamos un nuevo pacto social, es verdad, que también, y sobre todo, debe ser generacional. Un pacto para hacer posible dar la vuelta a una realidad, tan alejada del país decente que hemos soñado.

Tienen razón los que dicen que en el ciclo electoral que se cerrará este 20 de diciembre, en el debate colectivo sobre las prioridades que tenemos como país, esta dimensión no ha estado presente; ni tampoco seguramente en el país nuevo que aspiramos a construir con el Estado propio. Nos lo han recordado últimamente Guillem López-CasasnovasXavier Martinez CelorrioAntón CostasPau Marie-Klose, Ramón Aymerich o Àlex Font, por ejemplo.

Y en cambio, probablemente, este es el enfoque que necesitamos si queremos garantizar la prosperidad y la justicia a medio y largo plazo. Durante los años de construcción y expansión del Estado del Bienestar hemos sabido acercarnos a los países más avanzados de nuestro entorno en relación a las políticas que dan seguridad y bienestar a las personas mayores (vivienda propia, salud, pensiones, dependencia…) Todos los datos apuntan a que, en términos relativos, el riesgo de pobreza de los mayores de 65 años es claramente inferior al riesgo de pobreza de los menores de 16 años y que en estos años de crisis los mayores han resistido mejor que los más jóvenes. La red del Estado del Bienestar, sobre todo a través de las pensiones públicas nos lo explica.

En resumen, nos toca poner el acento y la prioridad en algunas políticas que no han tenido suficiente solidez durante los años de construcción del Estado del Bienestar de la democracia y el autogobierno y que ahora, durante la crisis, nos han evidenciado que ni los niños ni los jóvenes estaban suficientemente protegidos.

PRIORIDADES IMPRESCINDIBLES

Apuntamos algunas prioridades, que no son todas las que nos convienen, pero que son imprescindibles:

1. Fuertes inversiones en infancia, con la puesta en marcha de una prestación universal y suficiente para la crianza de los hijos, en la línea de las prestaciones familiares de las que gozan todos los países avanzados de nuestro entorno.

2. Ampliación del permiso de maternidad paternidad, para promover la corresponsabilidad de los hombres en la crianza de los hijos.

3. Impulso a la reforma horaria, para racionalizar nuestros estilos de vida ganar en productividad y al mismo tiempo para la familia, la formación y la comunidad.

4. Inversiones en la educación y cuidado de niños de 0-3 años, que el Partido Popular ha liquidado en esta legislatura.

5. Universalización de la educación hasta los 18 años.

6. Un nuevo modelo de becas realmente inclusivo, que facilite a todo el mundo  a acceder al sistema educativo superior.

7. Impulso a la Formación Profesional y Universitario Duales, adaptada a las necesidades de las personas y las empresas.

8. Promover el retorno de los jóvenes que han emigrado, con facilidades para encontrar trabajo.

9. Impulso y reforzamiento a los programas Erasmus, que facilitan la movilidad de los jóvenes catalanes.

10. Una garantía juvenil que efectivamente funcione, con “primeras oportunidades” de empleo para los jóvenes que han terminado sus estudios y “nuevas oportunidades” de formación para aquellas personas que han abandonado el sistema educativo.

11. Facilitar el acceso a la vivienda, revisando a fondo la política operativa de la SAREB, para garantizar el acceso a la vivienda social a los jóvenes.

Una agenda imprescindible, que toca abordar en cualquier caso.