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La rueda

El paisaje del 21-D

Enric Marín

La fragmentación del arco parlamentario hará más evidente la crisis sistémica de la democracia española

En periodos de mutación política, la fiabilidad de las encuestas electorales es francamente relativa. Sin embargo, algunos elementos constantes en la mayor parte de las aproximaciones demoscópicas publicadas nos permiten aventurar una previsión del paisaje posterior al 20-D en España y en Catalunya. En primer lugar, el bloque dinástico formado por los dos partidos sistémicos tradicionales (PP, PSOE) y los neoconservadores de Ciudadanos sumarán una amplia mayoría parlamentaria. Pero eso no será ninguna garantía de gobernación estable. Al contrario. La fragmentación del arco parlamentario y las rivalidades entre PP, PSOE y C 's harán francamente difícil el establecimiento de pactos de gobierno sólidos. Y, en segundo lugar, ni los programas ni la campaña han abordado seriamente los grandes temas de Estado que tiene planteados la sociedad española. Hecho que todavía hace menos verosímil el establecimiento de pactos sobre el modelo económico, la regeneración democrática o el reconocimiento de la realidad plurinacional del Estado.

En estas condiciones, la fragmentación del sistema de partidos aún hará más evidente la crisis sistémica de la democracia española. La falta de proyecto y de liderazgo en la política española empieza a ser dramática. La campaña ha sido muy ilustrativa en este sentido. De manera destacada, el cara a cara Rajoy-Sánchez.

Y, en tercer lugar, respecto a Catalunya, también parece bastante claro que la suma de las fuerzas soberanistas (ERC, En Comú Podem y Democràcia i Llibertat) recibirá más apoyo electoral que la suma de las fuerzas unionistas (C's, PSC, PP). Pasado el eclipse de las elecciones generales, la política catalana regresará otra vez al primer plano. Tanto si hay acuerdo de investidura, como si no. Pero de manera muy contundente si finalmente hay entente y pacto estable de gobierno

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