La rueda

El pacto del 'seny' y la 'rauxa'

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Una de las características diferenciales del movimiento independentista catalán es que no se agrupa solo alrededor de un único partido, como sí pasa en Escocia o Quebec. Aquí la masa independentista se reparte entre diferentes partidos, coaliciones y entidades que representan un amplio abanico de opciones que van desde el anticapitalismo radical hasta la democracia cristiana puntillosa. Esto, que en principio debería suponer una fortaleza incuestionable, está siendo una debilidad manifiesta. Y es que, para que estas sensibilidades políticas y sociales vayan a una, es necesario una mayoría suficientemente amplia y un liderazgo suficientemente fuerte para marcar el camino.

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Aparte de eso, que no acaba de existir, para consolidar la unidad de un colectivo tan heterogéneo se debe definir un objetivo concreto y temporal que justifique el proyecto común o, en todo caso, que haya unanimidad en la percepción de vivir una situación de auténtica excepcionalidad. Al parecer esto tampoco sucede y, viendo las dificultades para llegar a una entente, quizá es que el reto de la unidad es tan difícil que es casi imposible.

¿Verdad que no sería fácil, en el caso español, que todos los partidos, desde Podemos al PP, se pusieran de acuerdo para gobernar? Según nos enseña la historia, el milagro solo llega si existe una amenaza exterior o una guerra. Son aquellos casos donde, viendo lo que está en juego, se aparcan rivalidades, tanto las permanentes como las coyunturales, y el 'seny' pacta con la 'rauxa'. Pero la historia también enseña, solo hay que recordar la dialéctica vivida en los años 30 entre ganar la guerra o hacer la revolución y la división y enfrentamientos que provocó, que por más que la necesidad imperiosa lo pida, a veces, renunciar a la propia personalidad es pedir demasiado. Pero, por pedir, que no quede.