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El soberanismo y los Països Catalans

La nación entera

Albert Branchadell

Si el proceso quiere tener algún rédito en Europa no debe enredarse con la idea de la Gran Catalunya

En el proceso de negociación posterior a las elecciones del 27-S, la CUP ha sido tildada una y otra vez de anticapitalista (como si fuese un pecado imperdonable), pero en cambio muy poco se ha hablado sobre otro componente muy importante de su ADN que puede crearle problemas al proceso soberanista: para la CUP, el «marco de referencia nacional» no es Catalunya sino los llamados «Países Catalanes».

La CUP, ciertamente, no es el único partido suscrito a ese credo. El artículo 2 de los estatutos de ERC dice sin rodeos que el objetivo del partido es «'la unitat territorial i la indepèndencia de la nació catalana, de Salses a Guardamar i de Fraga a Maó'». A tal efecto, en su momento, ERC ya se extendió por la Comunidad Valenciana y Baleares. En la ponencia política de ERPV aprobada en Algemesí el 9 de noviembre de 2013, por ejemplo, se puede leer: «'Esquerra Republicana seguirà treballant per la reunificació del nou Estat Valencià dins dels Països Catalans'». Y en CDC pancatalanistas haberlos, haylos: sin ir más lejos, poco antes del 27-S el conseller Germà Gordó se descolgó con unas declaraciones en las que calificaba de «nación entera» a los Países Catalanes.

El 'Som Països Catalans' de la CUP

La CUP, pues, no es el único partido pro-Países Catalanes, pero sí es el que más hincapié hace en ello: en el programa de Junts pel Sí para las elecciones del 27-S el término Països Catalans aparece un total de 0 veces; en el de la CUP, 32. Y no solo es una cuestión numérica. Ya en la introducción, la CUP advoca por una república «'que treballi per la construcció nacional dels Països Catalans'». El segundo de sus nueve puntos programáticos empieza con «'Som Països Catalans'». Y, por si no quedaba claro, en la sección 'Per la construcció nacional', la CUP apuesta por una República Catalana «'que abraci el conjunt del territori nacional, de Fraga a Maó i de Salses a Guardamar'».

La verdad es que, electoralmente hablando, no parece haber mucha base para el independentismo pancatalanista en la Comunidad Valenciana. Presentándose en solitario, el techo electoral de ERPV en unas autonómicas es el 0,47% de los votos obtenido en el 2011. ERPV solo rozó la barrera del 5% establecida para entrar en las Cortes Valencianas al presentarse junto a Izquierda Unida en el 2015. Pero no parece que la aportación de ERPV fuese decisiva: los 144.703 votos de Izquierda Unida en 2011 se redujeron a los 106.917 de la coalición Acord Ciutadà. En el caso de la CUP, no hay datos para calibrar su implantación electoral. A pesar de tener el marco de referencia nacional que tienen, la CUP nunca se ha presentado a unas elecciones autonómicas valencianas. (Sí que lo hizo en las municipales del 2015, con resultados tan históricos como modestos: obtuvo 3 de los 5.742 concejales en juego.)

Cambio en el documento 'Fil a l'agulla'

Es verdad que, en la negociación con Junts pel Sí, la CUP ha dejado a los Países Catalanes en un discreto segundo plano. En el debate sobre la resolución del 9-N, la diputada de la CUP Anna Gabriel se refirió a los Países Catalanes como «nuestro verdadero sujeto político» y situó a Catalunya como una mera parte del país «entero». Pero en el discurso pronunciado en la primera investidura fallida de Artur Mas el presidente del grupo parlamentario de la CUP, Antonio Baños, ni siquiera utilizó el término. Tampoco lo mencionó en el discurso de la segunda investidura fallida. Y entre las 53 medidas de urgencia planteadas por la CUP en su documento 'Fil a l'agulla', no hay ni una sola que haga referencia a los Países Catalanes.

Pese a este silencio táctico, el programa de la CUP dice lo que dice, y la verdad es que cuando su planteamiento pancatalanista aflore al proceso se le planteará un nuevo problema. Si la secesión unilateral ya despierta pocas simpatías en Europa, el irredentismo causa directamente pavor. En buena medida fueron pulsiones irredentistas las que causaron las dos guerras mundiales. Y la misma causa está tras la guerra más sangrienta de la antigua Yugoslavia.

Salvando todas las distancias, el lema que se atribuye a Jovan Raskovic, el mentor de Radovan Karadzic, («Serbia está allí donde hay serbios»), no es técnicamente distinto de lo que plantea el pancatalanismo. Desde posiciones de izquierda los excomunistas serbios y los anticapitalistas cupaires comparten las tesis del nacionalismo romántico. En un famoso poema Ernst Moritz Arndt dijo que la nación alemana llegaba «hasta donde suena la lengua alemana». Eran tiempos de guerras napoleónicas en que los patriotas alemanes planteaban la construcción de una Gran Alemania que incluyese a todos los territorios germanohablantes de Europa. Ya sabemos quiénes retomaron la idea en el siglo XX: si el proyecto de Estado catalán quiere obtener algún crédito en Europa, no debe enredarse con la idea de la Gran Catalunya.