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El kirchnerismo deberá a partir de ahora reinventarse tras una muy dolorosa y significativa derrota. Los 12 años de Gobierno llegan a un final de etapa humillante con un candidato con un pasado pesado que ha desmovilizado a las propias bases del peronismo. Mientras Daniel Scioli fue de más a menos, Mauricio Macri logró contagiar euforia y sumar tras de sí a sectores muy diversos que tenían en común la militante animadversión contra todo aquello que oliera a continuidad. Macri será el primer líder político argentino que alcanza la presidencia como representante de la derecha, sin ser peronista ni radical. Su estrategia ha sido muy simple: hablar directamente con los electores, contar anécdotas, con optimismo, sin arriesgar ninguna definición que pudiera comprometerle. Enfrente, un Scioli sin credibilidad, contradictorio, debilitado y con ausencia de empatía.  

El kirchnerismo quedó en estado de shock tras los imprevistos resultados de la primera vuelta. El llamativo éxito de María Eugenia Vidal en la gobernación de la provincia de Buenos Aires acabaría por transformarse en imparable. Esa derrota fue un golpe directo al corazón del peronismo, en su granero de votos. La hemorragia motivó la movilización de todos aquellos que se han considerado agredidos por unas políticas de confrontación implementadas durante los últimos cuatro años de gobierno.

 Cristina Fernández ha cometido muchísimos dislates a partir de la ausencia de su esposo. Logró enemistarse a la vez con todos y cada uno de los sectores más poderosos, sin excepción; con medios de comunicación hegemónicos muy politizados. Pero también provocó rechazo en las clases medias, con medidas perfectamente evitables que limitaban libertades individuales. Igualmente cierto es que se han generado políticas públicas avanzadas, transformadoras, inéditas en la historia argentina; que desde el Estado se han universalizado derechos e impulsado compromisos de justicia, verdad y reparación -662 condenas- por los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura (1976-1983).

DIVISIÓN PERONISTA

Se enfrentaban dos proyectos antagónicos, dos modelos en cierto modo clásicos. La polarización se acentuó y Scioli creyó que sería un puro trámite. Se equivocó con un mensaje de pánico por las supuestas consecuencias de una más que probable devaluación, por el ajuste económico, por la temida inestabilidad. La división interna peronista y el alejamiento de CFK durante toda la campaña ha acabado por fulminarle. Macri solo ha tenido que darle un empujón para que acabara por despeñarse.

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Mauricio Macri fue presidente del histórico equipo de futbol del barrio de la Boca, militó en el ultraconservador partido del político y militar Álvaro Alsogaray, se declaró menemista y admirador de José María Aznar. En una entrevista confesó que “daría la vida por ser el nueve de Boca Juniors, eso sí debe de ser lo máximo -dijo-”. Esa fantasía no la va a poder cumplir, pero nadie hubiera pronosticado hace sólo dos años que Macri sería el capitán del nuevo equipo de inquilinos de la Casa Rosada.

ANTONI TRAVERÍA / Preofesor de Relaciones Internacionales . Facultad Blanquerna-URL.