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Análisis

El cambio climático, un enorme reto sin respuesta

Julio González García

Los informes que proporcionan los expertos científicos sobre los efectos del cambio climático en el litoral son demoledores: se prevé que en Catalunya se pierda una parte relevante de la anchura de la costa debido a un aumento del nivel del mar que oscilaría, de acuerdo con las proyecciones del grupo de expertos del cambio climático, entre 50 y 90 centímetros.

Este dato es uno más, posiblemente el más relevante, de las consecuencias del cambio climático sobre el que se hablará en París en la Cumbre del Clima… y, sin embargo, la política ambiental no es uno de los ejes sobre los que gira la próxima campaña electoral. Ni tampoco los problemas del litoral, del mar y sus recursos naturales, a pesar de que el artículo 132 de la Constitución les proporciona la máxima protección jurídica, que deriva de ser un bien escaso, sensible, difícilmente recuperable y esencial para la vida. El tema no está en la agenda electoral ni lo ha estado.

UNA LEY CON UN RESQUICIO

Los informes previos a la ley de costas de 1988 ya indicaban una conexión directa entre la pérdida de anchura del litoral y la acción humana: el agente directo era la acción edificadora que impedía el aporte de áridos desde el interior. Usando el único resquicio que tuvo esa disposición, entre 1988 y el 2015 hemos visto una acción continuada de construcción que ha reducido sustancialmente la anchura de nuestras playas, ha obligado a operaciones periódicas de regeneración y ha alterado los fondos marinos. Salvo periodos muy concretos (como el mandato de Cristina Narbona como ministra de Medio Ambiente entre el 2004 y el 2008), no ha habido una política suficientemente activa de protección del litoral. La última respuesta del legislador, la ley de costas del 2013, ha sido aumentar las posibilidades constructivas en el litoral.

El reto actual es parecido al de 1988, aunque de mayor importancia. El problema está descrito, las causas son conocidas y la solución es sabida: hay que reducir las emisiones de CO2. Pues bien, ¿qué políticas de reducción de emisiones tienen los cuatro partidos que parece que están en disposición de ser mayoritarios? ¿Se va a recuperar, por ejemplo, una regulación que favorezca la producción y utilización de energías no contaminantes? O, yendo a un problema concreto, ¿qué se espera que hagan en relación con las emisiones de los vehículos después del escándalo de la falsificación de datos en Volkswagen? Y subiendo un escalón, ¿cómo se va a concienciar a la ciudadanía y se va a impulsar el cambio del sistema productivo hacia una economía ambientalmente sostenible?

MÁS ALLÁ DEL CORTO PLAZO

Estas preguntas son muy pertinentes cuando hablamos de la franja litoral. El problema ambiental llevará de la mano un gravísimo impacto social debido a la gran población que habita en las proximidades de la costa. A lo que se añadirá una cuestión económica esencial teniendo en cuenta que el turismo, el turismo litoral, es la parte esencial de nuestra actividad económica. Aunque sea egoístamente, ¿somos conscientes de todo ello?

Más allá de propuestas concretas que algunos partidos tienen en su programa, una acción política consecuente con la gravedad del reto que tiene planteada la humanidad debería llevar al primer plano del debate la pregunta de qué va a hacer el país frente al cambio climático. No todo es el corto plazo, hay que pensar más allá, sobre todo si el resultado puede ser dramático.