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La rueda

'Liberté, égalité, fraternité'

Enric Marín

El terrorismo necesita retroalimentarse con los populismos que criminalizan al diferente

Ante atentados terroristas como el de París o el del Airbus 321 ruso hay que actuar con determinación e inteligencia. El análisis de las causas que lo originan no puede servir de excusa para no actuar policial y militarmente cuando sea necesario. Ahora bien, actuar de forma precipitada sin tener en cuenta un diagnóstico preciso de las causas puede tener consecuencias muy negativas. Puede hacer que la respuesta sea ineficaz o contraproducente a medio y largo plazo. Y a corto plazo puede facilitar dos de los objetivos de los terroristas. Fracturar étnicamente las sociedades democráticas occidentales y devaluar su cultura democrática.

Algunos políticos y creadores de opinión parecen ignorar que lo que identifica al terrorismo no son las ideas políticas o religiosas usadas como coartada, sino su totalitarismo y su forma de actuar. El mal llamado terrorismo islamista es una forma de autoritarismo teocrático, sectario y brutal. Aunque pierda militarmente, puede servir de justificación oportunista para recortar libertades en regímenes democráticos. Siempre invita a derivas autoritarias en nombre de la seguridad. Como si seguridad y libertad fueran antagónicas. Como si la seguridad sin libertades no fuera indefensión ante el poder. O como si hubiera auténtica libertad con inseguridad.

El terrorismo necesita retroalimentarse con populismos reaccionarios que criminalicen la diferencia cultural o religiosa. Por eso decepciona que Hollande no entienda que la paz solo se puede construir de forma gradual y con un conocimiento contextual que también incluya los graves errores históricos de las potencias occidentales en Oriente Próximo. Y, sobre todo, que no hay solución duradera que no se base en los principios republicanos de libertad, igualdad y fraternidad.

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