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IDEAS

Grandes reformas en Barcelona

Xavier Bru de Sala

La primera prioridad de la ciudad debe ser social, la segunda, cultural

Ha llegado la hora de replantear la acción cultural de las administraciones. Dado que ir de abajo a arriba equilibra, compensa y no anula la tendencia contraria -sea ilustrada o solo despótica- no haremos aspavientos si las reformas en profundidad empiezan en los ayuntamientos. ¿Por qué si, en términos generales y con la mirada en todo el periodo democrático, el municipalismo cultural saca la mejor nota? Pues precisamente por eso. Para sacudir, para replantear, porque la sociedad cambia, y la catalana más deprisa que cualquier otra del sur de Europa. Hay que desprenderse de lo que ha caducado, apostar más fuerte por todo lo que no se ha acomodado a la fase de plácida somnolencia, sobre todo abrir nuevos campos de juego.

No deberemos remover mucho entre los desechos del pasado para detectar el caso más visible de obsolescencia, ya que se encuentra en Barcelona. Aquel magnífico artefacto de impulsar y programar, modelo de tantos otros en todas partes, denominado Icub (Institut de Cultura de Barcelona), se ha convertido en una máquina de churros. Tanto da la cabalgata, como la Mercè, como el Grec. Churros obvios, grasientos y azucarados, de merienda casposa de domingo por la tarde. Quien lo dude, que pregunte a la escasa docena y media de personas que, entre nosotros, se han molestado en informarse y reflexionar sobre la cuestión de las políticas culturales. El consenso entre ellas es evidente.

Ahora bien, en vez de anunciar urbi et orbi una nueva etapa, más creativa y expansiva de la cultura en Barcelona, en vez de convocar a expertos y colectivos para colaborar al imprescindible nuevo diseño, el equipo municipal de Barcelona, el que tiene más legitimidad democrática y más obligación contractual con los electores para encabezar el cambio, se encapsula a la defensiva. Mamá, miedo.

La primera prioridad de Barcelona es y debe ser social, sobre todo en tiempo de tanta injusticia. La segunda, cultural. O Barcelona es capital creativa y productiva con ambición universal o estaremos apañados en cualquier futuro previsible.

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