12 ago 2020

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Editorial

La respuesta de Hollande

El pacto de seguridad del presidente francés está lejos de las exigencias extemporáneas de la oposición de derechas

En una Francia aún conmocionada por la brutalidad de los ataques terroristas del pasado viernes, las autoridades han comenzado a tomar medidas para tratar de paliar la amenaza yihadista, que, como ha advertido el primer ministro, Manuel Valls, será duradera y puede en cualquier momento concretarse en más atentados. El presidente François Hollande presentó ante la sesión conjunta de la Asamblea Nacional y el Senado reunida en Versalles un «pacto de seguridad» que abarca iniciativas en el interior y en el exterior, mientras las fuerzas de seguridad han detenido ya a 23 sospechosos y han identificado a la mayoría de asaltantes.

En política interior, Hollande plantea una reforma de la Constitución para aumentar los poderes para luchar contra el terrorismo sin necesidad de declarar el estado de emergencia, que será prorrogado ahora tres meses, y anuncia más plazas policiales y de seguridad, la mejora de los servicios de información y la retirada de la nacionalidad a los autores de atentados o la expulsión de personas con doble nacionalidad acusadas de terrorismo. Estas medidas pueden ser discutibles a la vez que probablemente insuficientes, dada la dificultad para frenar a yihadistas internos (varios de los que atacaron en París son franceses), pero en todo caso no cruzan ninguna línea roja en la salvaguarda de las libertades y están lejos de las exigencias extemporáneas de la oposición de derechas, donde algunos han llegado a pedir el internamiento en campos de los 4.000 sospechosos de terrorismo fichados e incluso una Patriot Act a la francesa como la que implantó George Bush en EEUU tras el 11-S.

En el frente exterior, Hollande deja claro que el enemigo en Siria es el Estado Islámico, pero no se mueve de su posición, que rechaza una solución a la guerra que mantenga a Bashar el Asad. Esta tesis, criticada por Nicolas Sarkozy, que solicita un acercamiento a Rusia, puede dificultar la formación de la necesaria coalición internacional única en el conflicto. Francia pedirá además una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para combatir el terror y más coordinación y colaboración en la UE. Propósitos loables pero que quedarán en nada si la comunidad internacional -como ha pedido la cumbre del G-20— no corta los flujos de financiación del terrorismo yihadista y no se imponen controles reales contra el tráfico de armas.