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Análisis

Terror global, convivencia Iocal

Eduard Soler Lecha

Primero Beirut y ahora París. Y hace pocos días fue el ataque contra el avión ruso en la península del Sinaí o el atentado contra una manifestación pacifista en Ankara. El terrrorismo no da tregua y, ya sea en Oriente Medio o en Europa, persigue objetivos semejantes. Quieren proyectarse como la principal amenaza global, capaz de actuar en cualquier momento y en cualquier lugar. Y, tanto o más importante que eso, lo que se trata es de romper la convivencia en sociedades diversas.

Oriente Medio se está desangrando. Intervenciones extranjeras fallidas, procesos de radicalización y unos estados disfuncionales, han dado oxígeno al enfrentamiento sectario. Irak, Siria y Yemen son claros ejemplos. Líbano hace décadas que sufrió una guerra civil y hace años que vive con preocupación que el conflicto en Siria traspase sus fronteras. Por lo tanto, el atentado del jueves contra un barrio chií de Beirut no debería interpretarse solo como un acto de venganza por la participación de Hizbulá en la guerra de Siria. También es un intento deliberado para extender el conflicto en un país tan diverso, ya la vez tan frágil, como el Líbano. Aunque la situación en Oriente Medio es mala, estos grupos terroristas son conscientes de que aún podría degenerar más. Y ellos lo tienen claro: cuanto peor, mejor. Son expertos en pescar en aguas removidas.

Sembrar el odio a través de las redes

El terrorismo yihadista quiere exportar esta dinámica infernal a Europa, aprovechándose de la cercanía geográfica y humana. Y no lo hacen solo empujando a jóvenes europeos para ir a combatir en Siria o Irak. Lo que quieren es que el conflicto arraigue en los barrios y ciudades de Europa. Por ello siembran el odio a través de las redes sociales y el terror al conjunto de la sociedad con matanzas como las París. Está claro que Francia no es un objetivo cualquiera. Como en el caso del Líbano, estos atentados son mucho más que una venganza por los bombardeos franceses contra objetivos del autodenominado Estado Islámico; son, fundamentalmente, un ataque contra la cohesión social en un país con un importante número de ciudadanos de religión musulmana.

Precisamente porque es un acto de provocación, nada podría satisfacer más a los responsables de esta matanza que todo acabara rompiendo la convivencia entre europeos. En primer lugar, alterando nuestra vida cotidiana y obligándonos a renunciar a libertades que hemos tardado siglos en alcanzar. Tanto si estos atentados han planeado desde el desierto sirio o desde un apartamento de la 'banlieu' parisina, lo que buscan es fracturar nuestras sociedades, favoreciendo que se extienda el odio contra el islam y que parte de los jóvenes musulmanes europeos se sientan estigmatizados. Como dice un buen amigo, que se les haga sentir culpables hasta que demuestren lo contrario. Un éxito inmediato sería que esta masacre diera la victoria del Frente Nacional en las elecciones regionales del próximo mes de diciembre. No es ninguna novedad, los extremos se retroalimentan. Es en una Europa fragmentada donde encontrarían las fisuras para hacerse fuertes y proyectar el terror a escala global.

La mejor respuesta al terrorismo es la que impida que se salgan con la suya. A la voluntad de sembrar terror hay que responder con serenidad. Y ante el deseo de romper la convivencia, se hace necesario responder con unidad.

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