LOS SÁBADOS, CIENCIA

¿Qué es la humanidad?

La investigación de Jane Goodall sobre los chimpancés obligó a cambiar la definición de ser humano

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La expresión eslabón perdido se refiere en general a un fósil de una especie que representa una transición entre otras dos especies ya conocidas. A los medios de comunicación les encanta seducir con ella a los ciudadanos. La verdad es que va muy bien para titulares de prensa (Se ha encontrado el eslabón perdido) o para titular una película de aventuras (En busca del eslabón perdido). Sin embargo, la ciencia no usa el término, quizá porque nunca puede descartar que entre dos especies diferentes quepa aún otra más. Lo hemos vivido hace pocas semanas cuando se divulgó que investigadores del ICP (Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont) habían encontrado un pequeño hominoide que vivió hace más de 11 millones de años en lo que se cree es la raíz del árbol de la carrera hacia la humanidad. Le pusieron el nombre de Laia (bautizar cariñosamente holotipos sí es, curiosamente, una costumbre de paleoantropólogos) y buena parte de la prensa la vendió como el (un) eslabón perdido.

El árbol se va completando y llegará el día en que conoceremos bien nuestra historia, de dónde venimos y por dónde llegamos hasta donde ahora estamos. Filósofos y científicos hace siglos que se hacen la pregunta: ¿qué es la humanidad? La paleontología es una disciplina que puede ayudar mucho a encontrar una buena respuesta o a mejorar la pregunta. En la nomenclatura de Lineus el ser humano es de la especie Homo sapiens, del género Homo, de la subfamilia de los homíninos, de la familia de los homínidos y de la superfamilia de los hominoides. Por todo ello, la pregunta es algo más compleja. En efecto, antes de preguntarnos sobre qué es la humanidad, igual hay que preguntarse por la homidad, por la homininidad, por la hominidad o por la hominoidad. Uf, uf (para no hablar de tribu y subtribu, que aún se suelen distinguir entre los conceptos de subfamilia y género). ¿Qué es un ser humano?

En los años 70 había un fuerte consenso general de que la herramienta (su fabricación y uso) marcaba la presunta línea roja que separa al ser humano de cualquier otro animal. La definición comúnmente aceptada era de Kenneth P. Oakley y fue publicada en un libro de 1949 titulado nada menos que Man, the tool-maker (Hombre, el hacedor de utensilios): «El humano se define como el animal capaz de fabricar herramientas».

Pero en 1958 Jane Goodall había viajado a Kenia con una idea muy clara: a sus 24 años quería sumergirse en la naturaleza de África para estudiar y escribir sobre su fauna salvaje. Allí conoció al gran paleoantropólogo Louis Leakey, pionero de una auténtica saga de prehistoriadores, antropólogos y conservacionistas apasionados por rastrear los orígenes de la humanidad. A los Leakey (Louis y Mary) se deben muchos descubrimientos históricos en paleoantropología; por ejemplo, el Homo habilis, el inventor (se suponía entonces) nada menos que del concepto herramienta, la extrapolación exosomática de la mano, ese regalo de la evolución que nos permite pasar de la teoría a la práctica. A Mary Leakey le debemos el descubrimiento del bipedismo del Australopithecus aferensis con las celebérrimas huellas de Laetoli en Tanzania. Y el segundo hijo de ambos, Richard Leakey, también arqueólogo y paleontólogo, fue además un pionero decisivo de la conservación de la naturaleza en África. En esta atmósfera, en aquel momento y lugar, se entiende perfectamente el encargo que hizo Louis Leakey a Jane Goodall: «¿Por qué no vas a Gombe, en Tanzania, y estudias el comportamiento de los chimpancés salvajes?».

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Jane, como buena naturalista, se pasó meses en el bosque observando a estos grandes simios. Pero un día se quedó atónita con lo que estaba ocurriendo ante sus ojos: un individuo adulto de chimpancé se había fabricado un palito cortando primorosamente las ramitas perpendiculares y todas las hojas. A continuación introdujo la herramienta por el agujero de un termitero y, cuando estuvo lleno de insectos, se deslizó la recién inventada cuchara por la boca para comerse el botín conseguido. Jane Goodall acababa de ser testigo de cómo un animal se fabricaba un utensilio para, acto seguido, usarlo según dos funciones bien distintas. La reacción de Louis Leakey ante lo que le estaba contando la joven Jane Goodall se puede encontrar en los anales del anecdotario de la historia de la ciencia: «Jane, vamos a tener que cambiar la definición de ser humano».

El trabajo de Jane Goodall, Premi Internacional Catalunya en su 27 edición, acabó de un plumazo con la verdad científica vigente. El dilema era cambiar la definición de humano o pasar a considerar a los chimpancés como humanos. Uno de los científicos más universales de la Universitat de Barcelona, Jordi Sabater Pi, llegó a la misma conclusión de manera independiente observando los chimpancés en África Ecuatorial. Su legado está en la UB.

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